- De cara a 2026-2027, la revisión del T-MEC podría tener un impacto estructural mayor sobre el peso que una nueva caída en los precios del petróleo
Clase Turista
El Symposium Económico de Jackson Hole se llevó a cabo en un momento particularmente relevante para los mercados financieros. Con la Reserva Federal bajo una nueva dirección y un Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) dividido, los inversionistas esperaban definiciones sobre la trayectoria de las tasas de interés en Estados Unidos. En su primer discurso como presidente de la Fed, Kevin Warsh adoptó un tono restrictivo: señaló que las mejores lecturas de inflación de este verano no indican una mejora «significativa» en las tendencias de fondo y dejó ver que las tasas podrían tener que subir, en lugar de anticipar recortes. El giro tiene implicaciones directas para México y el comportamiento del peso.
Para Alfredo Marentes, analista de mercados de VT Markets, el contexto internacional se cruza con dos factores domésticos que han ganado relevancia durante agosto: la reciente caída de los precios del petróleo y la creciente incertidumbre comercial entre Estados Unidos y Canadá, en el marco de la revisión del T-MEC.
Tasas de la Fed y un peso favorecido por el diferencial
La reciente baja en los precios del petróleo ha reducido parte de las presiones inflacionarias provenientes del componente energético, mientras que los últimos datos de precios en Estados Unidos no han mostrado sorpresas significativas al alza. Este escenario fortalece las expectativas de que la Fed tenga margen para un recorte de tasas en septiembre.
“Para el peso, ese es el escenario que más ha estado jugando a favor en agosto: la moneda opera en su mejor nivel en más de dos años, por debajo de 17.00 unidades, apoyada en el diferencial de tasas con Banxico y en los flujos de carry”, explicó Marentes.
En este contexto, una señal desde Jackson Hole que confirme una trayectoria hacia tasas más bajas en Estados Unidos podría prolongar el atractivo del peso mexicano, al mantener un diferencial favorable frente a las tasas estadounidenses.
Tras el discurso de Warsh, ese soporte se puso a prueba. El índice dólar subió alrededor de 0.4% y los Treasuries de corto plazo se vendieron anticipando alzas, mientras la probabilidad de un incremento de tasas en septiembre aumentó a más de 50% según la herramienta FedWatch de CME, con el peso cotizando este viernes alrededor de 16.97 por dólar. Un dólar más firme reduce el atractivo relativo del carry y acota el margen de apreciación adicional del peso en el corto plazo
Sin embargo, el panorama no depende exclusivamente de la Fed. La inflación subyacente en México continúa siendo un factor relevante para las próximas decisiones de Banco de México, que enfrenta el dilema de mantener el ciclo de recortes o hacer una pausa. De materializarse un escenario de mayor cautela por parte de Banxico, esto podría convertirse incluso en un soporte adicional para el peso en el corto plazo.
T-MEC: un riesgo más estructural para el peso Aunque los movimientos del petróleo pueden generar volatilidad en el mercado cambiario, Marentes considera que la revisión del T-MEC podría tener una influencia más profunda sobre el peso durante los próximos meses.
“México ya no es la economía petrolera de hace dos décadas: el canal de transmisión de una nueva caída del crudo hacia el peso es real pero indirecto, y pasa sobre todo por las finanzas públicas y Pemex, no por el tipo de cambio spot de manera directa”, señaló.
En contraste, la incertidumbre comercial entre Estados Unidos y Canadá introduce un riesgo directamente relacionado con la inversión, el comercio regional y las perspectivas de nearshoring en México.
Para Marentes, una eventual transición hacia revisiones más frecuentes del acuerdo comercial, en lugar de una renovación integral, podría incrementar la incertidumbre para las empresas que planean inversiones de largo plazo en la región. Esto resulta especialmente relevante para México, que negocia paralelamente sus propios intereses dentro de la revisión del tratado y mantiene diferencias en temas como reglas de origen y contenido automotriz.
“Ese canal inversión, nearshoring y previsibilidad regulatoria es el que más puede mover al peso en un horizonte de varios meses, porque toca el atractivo estructural de México como destino de capital, no solo un flujo de carry táctico”, agregó Marentes.
Así, mientras que el petróleo podría seguir generando movimientos de corto plazo, la evolución de la relación comercial de Norteamérica podría convertirse en uno de los principales factores para definir el rango en el que se moverá el peso mexicano durante 2026 y 2027.

