- Por Norma l. Vázquez Alanís
- (Primera de dos partes)
Clase Turista
La formación cívico humanista que recibió Hernán Cortés en la Universidad de Salamanca, le permitió ser un gran diplomático con un afán dialógico de inclusión humanista que se aprecia en cada página de sus Cartas de Relación, y basta citar este ejemplo: “y en esa batalla Cortés apartó a un cautivo, se lo llevó y habló con él para entender qué era lo que pensaban los otros”, pero no era información sólo para la guerra, sino que genuinamente quería comprender las mentalidades distintas, aseveró la doctora en Filosofía por la Universidad de Navarra, Virginia Aspe Armella.
En el ciclo de conferencias ‘Hernán Cortés: otras consideraciones’, auspiciado por el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM) de la Fundación Carlos Slim, la doctora Aspe Armella abordó al personaje desde el punto de vista de su especialidad, en una plática que tituló ‘Disertaciones filosóficas en torno a la figura de Hernán Cortés’, porque dijo no ser historiadora e indicó que lo primero que hizo fue analizar las Cartas de Relación; después retomó a dos autores que han sido poco trabajados actualmente, Joaquín García Icazbalceta en el siglo XIX y Edmundo O´Gorman en el XX, quienes iniciaron realmente el revisionismo de la historia oficial y se fueron a los archivos. Ellos no estaban casados ni con la historia oficial ni con una tendencia original soberbia, sino que estudiaban los documentos.
La ponente explicó que la filosofía tiene que ver con la metodología que sigue la ciencia, al igual que la historia, de manera que para su trabajo decidió basarse en la historiografía francesa del siglo XX con Roger Chartier, que en la Escuela de los Annales propuso recuperar una historia de la cultura y de las mentalidades para hacer bien una Historia. Ya con este planteamiento y como seguidora de la Escuela de Cambridge de Historia intelectual y del pensamiento político, representada por J. G. A. Pocock y Quentin Skinner, autores reconocidos por impulsar un giro contextualista y lingüístico en la forma de estudiar el pasado, la doctora Aspe Armella hizo la revisión de las Cartas de Relación y otros materiales referentes a Cortés.
La lectura del historiador británico David Armitage permitió a la ponente analizar los razonamientos expuestos en los textos de Cortés y otros autores con una visión que supera las fronteras nacionales tradicionales, a través de la historia global, transnacional e internacional, porque el relato de la conquista no se puede entender sólo desde lo que aporta España, ni tampoco desde una cultura autóctona como la de la grandeza mexicana. Armitage, quien es doctor en Historia por la Universidad de Cambridge, sostiene que “las ideas van en dinamismo y nunca las puedes interpretar de manera hispanófila o de manera mexicanista autóctona”, es una cuestión compleja porque existe en transversalidad, y ahí entra la filosofía y no sólo la historia, dijo la doctora Aspe Armella.
Para no caer en anacronismos, que es lo que quiso evitar con Hernán Cortés, la conferencista dijo que tomó como referencia a ese historiador inglés que propone superar las fronteras nacionales tradicionales mediante la historia global, transnacional e internacional, en virtud de que procesos, ideas y movimientos se cruzan y van más allá de las fronteras políticas establecidas. Armitage considera necesario conectar los hechos históricos a través de espacios amplios, como enfoques globales y de periodos transtemporales, además de estudiar la manera en que las conexiones políticas, económicas y culturales circulan libremente por el mundo, desdibujando las líneas rígidas de las fronteras tradicionales.
Controversia con Christian Duverger
Si bien el historiador franco-mexicano Christian Duverger es un autor serio, desconcertaron a la doctora Aspe Armella algunas de las premisas que sostiene en su libro Hernán Cortés, la pluma, en el que separó al personaje histórico del escritor y donde sostiene que Cortés es el autor de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España y no el soldado Bernal Díaz del Castillo. Porque Duverger dice que esta obra es el texto fundacional del México mestizo, “y el demiurgo de esas dos creaciones es una sola persona, Hernán Cortés, el hijo de Extremadura que se volvió mexicano, el conquistador que se enamoró de los vencidos”.
“No sé si Cortés al final de su vida escribió y si sentía añoranza por la grandeza de América o si se le ocurrió hacer algunas tesis distintas, pero lo que sí sé es que de las Cartas de Relación no podemos extraer el surgimiento de la nacionalidad mexicana; la nación nació en el siglo XIX, y con trabajos”, apuntó la doctora Aspe Armella. Diría que la mexicanidad, que es siempre una mediación cultural de segundo nivel, surgió con el criollismo cuando ya nacieron hijos de españoles en Nueva España, como aseguran el doctor Edmundo O´Gorman y el historiador británico David Brading. Agregó que cuando ya se trabajaron los códices, la familia De Alva Ixtlixóchitl se los vendió a Carlos de Sigüenza y Góngora al final del siglo XVII, él los analizó y ahí surgió un concepto cultural de mexicanidad.
Entonces la especialista decidió volver a las Cartas de Relación, pero bajo la mentoría de García Icazbalceta, leyó los textos que él había recuperado en los cuales prueba que Cortés venía con un interés importante por el oro, que mandaba cartas pidiendo que la corona le diera concesiones y que pedía pagos y exploraba para acumular riqueza no sólo para él, también para el imperio, pero vio ahí una postura que se estaba desdibujando con la defensa de Cortés. Y luego conoció el libro del historiador mexicano Alfonso Mendiola, Bernal Díaz del Castillo: Verdad romanesca, verdad historiográfica, de 1997.
En esta obra Mendiola sostiene que Cortés tuvo una gesta a la manera de la caballería romanesca y es menester ver lo que es la verdad historiográfica y lo que es la realidad de esta mentalidad, y siguiendo a este historiador la doctora Aspe Armella releyó las Cartas de Relación para poder entender esos conceptos y aportar un nuevo enfoque para agregar a la infinidad de escritos sobre Cortés, pues era imposible pretender añadir novedades y menos desde la filosofía. Entonces decidió analizar la mentalidad de Hernán Cortés desde su formación intelectual en su estancia en Salamanca de jovencito, antes de venir a América.
La conferenciante refutó la frase de Duverger de que Hernán Cortés fue el primero en defender a los indios, porque -dijo- hay textos de filosofía jurídica previos que ya habían hecho eso; Bartolomé de las Casas, a quien la especialista ha estudiado mucho, en 1518 en un memorial ya estaba haciendo una defensa de los naturales. En este punto insistió en que falta incorporar en transversalidad metodológica textos de filosofía jurídica. No podemos hacer sólo un análisis historiográfico de actas y de archivos, debemos analizar los discursos contrapoder que tuvieron las órdenes mendicantes para entender muy bien qué estaba pasando y cómo actuaba Cortés.
Lo que sostiene Duverger no es nada nuevo, porque antes lo había dicho José Vasconcelos en su obra Hernán Cortés creador de la nacionalidad, de 1941, acotó la doctora Aspe Armella, y precisó que en primer lugar la nacionalidad data del siglo XIX y en segundo no se puede excluir ahí a toda la tradición milenaria de gran sabiduría de las culturas autóctonas. Ésta fue una de las primeras cosas que impresionó a Cortés y las cuales apreció, porque no debe olvidarse que Cortés, después de la rendición, lo primero que hizo fue fundar un hospital, es decir, él pensó cómo aprovechar la cultura autóctona que le parecía valiosa y excepcional para poder implementar industrias que se valieran de estos conocimientos.
(Concluirá)

