SE COMENTA SOLO CON…

  • PARA SER SINCEROS
  • CARLOS RAMOS PADILLA

Clase Turista

Insinuar, pensar e incluso proyectar una espacio para hablar de estrategias para garantizar la seguridad de periodistas, la libertad de expresión y los derechos de audiencias, alerta y  eriza la piel.

Y esto ocurre porque en México se desaparecen, secuestran o asesinan a comunicadores. Es el país donde mueren más periodistas en el mundo en un territorio que no está en guerra.

Durante el sexenio de  López Obrador organizaciones de derechos humanos y libertad de prensa registraron entre 46 y 47 homicidios de periodistas en posible relación con su labor, además de varios casos de desapariciones.

Las agresiones generales contra la prensa (amenazas, hostigamiento y ataques físicos) aumentaron considerablemente.

2022 fue catalogado como uno de los más violentos para el periodismo en la historia reciente del país, con más de una decena de crímenes letales contra comunicadores.

Durante el gobierno de Claudia Sheinbaum se han registrado al menos 19 asesinatos de periodistas, comunicadores y creadores de contenido en México. Organizaciones civiles y de defensa de la libertad de expresión señalan que la violencia persiste de forma crítica en varias regiones del país.

Y ahora se nos pide acogernos a supuestas estrategias hasta para defender los derechos de las audiencias, que entiendo estarían por debajo de los ordenamientos constitucionales que garantizan la seguridad pública, la libre manifestación y expresión de las ideas.

Siempre he asegurado que los periodistas no somos diferentes a los demás, cumplimos con los requisitos legales que nos permiten vivir como sociedad.

Pero si somos distintos porque nos matan por lo que sabemos, lo que creen que sabemos, lo que publicamos o lo que guardamos en silencio. Cuál es la variante de los tiempos antes de la llegada de la mal llamada “transformación”?

Antes los periodistas nos enfrentábamos al poder, al gobierno. Hoy lo hacemos contra el crimen organizado gobernando, disponiendo, controlando e imponiendo sus reglas. No hay adversarios, tiene que existir incondicionales sirviendo a un populismo cínico que asegura atiende los reclamos para frenar a la censura.

Somos hoy testigos de la divulgación de un listado de periodistas y medios calificados como “críticos” que empañan a la democracia y ponen en serio riesgo la integridad personal y familiar de los ahí expuestos.

Una tarea de persecución, advertencia y hostigamiento pero protegiendo a sus “influencers” y reporteros afines, digamos a los “molécula”.

El periodista posee -no diré un arma para evitar términos usados por criminales- tenemos una herramienta poderosa: un bolígrafo, puede ser un micrófono o una videopantalla.

A través de esta herramienta formamos opinión, informamos, construimos criterios y defendemos valores. De todo esto depende nuestra credibilidad y por tanto confianza. No somos escoria ni dejaremos que nos traten como estorbos.

Si en el gobierno presumen poder, también nosotros, por eso nos temen porque los exhibimos, los desnudamos, los denunciamos por diferentes motivos: ignorancia, arribismo, corrupción, abuso, extorsión y engaño.

Olvidan que somos la memoria histórica, que almacenamos datos, eventos, nombres. Que nos arriesgamos  ejerciendo la libre expresión y no  siendo autistas como muchos quisieran. Una sociedad desinformada  y sin audiencia es dócil, es materia de quehaceres maniqueos que solamente cubren intereses de malnacidos.

A esos no les conviene una población exigente, informada y congruente. Mejor la transa, la mentira y si es necesario las balas. Afortunadamente si existen organismos internacionales y redes de la sociedad civil que operan en México para documentar agresiones, emitir alertas y proteger la libertad de expresión como Artículo 19,Reporteros Sin Fronteras, el Comité para la Protección de los Periodistas y la Sociedad Interamericana de Prensa, incluso la ONU-DH México (Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos): Vigila los entornos de riesgo para periodistas y colabora en redes de apoyo.

Aun así, en México, el 98% de los asesinatos de periodistas permanece en la impunidad, lo que significa que de los 181 homicidios documentados por Artículo 19 desde el año 2000 hasta la fecha, al menos 177 casos no han recibido una sentencia condenatoria.

En los casos de periodistas desaparecidos, el índice de impunidad absoluta alcanza de forma sostenida el 100% de los expedientes.

Hablar con insistencia de derechos humanos es que estos son violentados, hablar de garantías constitucionales es que estas son vulneradas, hablar de libertad de expresión es que hay líneas de censura.

Preguntemos a cerca de una treintena de colegas, me incluyo, de qué forma hemos sido presionados y despedidos de nuestros centros de trabajo, cómo se han cerrado espacios, condicionado contenidos y el uso de presupuestos oficiales solo para sostener a merolicos incondicionales del poder.

Entiendan que periodismo en México hace décadas dejó de ser un oficio y que hoy es una profesión avalada y respaldada por las más rigurosas instituciones académicas empezando por la UNAM.

Que se permita que uno o varios periodistas tengan voz y voto en el sitio más temido: en las curules legislativas, justo ahí donde se debaten los temas prioritarios del país.

Presumen que esos recintos son casas del pueblo pero con sus asegunes, solo con el permiso para quienes saltan de un partido al otro o levantan los dedos a satisfacción del superior (le llaman mayoriteo).

Pedir a los gobernantes estrategias para salvaguardar la vida de un periodista es como solicitar a un improvisado juez impuesto por acordeón o tómbola que haga justicia.

Es pedirle al poderoso en turno permiso para publicar, pero he de decirlo, los reporteros, los analistas, los comunicadores y periodistas no estamos para recibir limosnas.  ¡Jamás lo haremos!

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