- Por Norma L. Vázquez Alanís
Clase Turista
(Segunda de dos partes)
A principios de 1928, en la ciudad de México pocos sabían de la existencia de José de León Toral, excepto sus familiares y amigos. Antes del atentado que acabaría con la vida del general Álvaro Obregón, nadie imaginaba que ese muchacho sano, deportista, trabajador y religioso sería capaz de planear y cometer un asesinato de tal magnitud; “cuando vemos las imágenes de Toral en los juicios, es difícil pensar cuál pudo haber sido el enojo o la inconformidad que lo llevaron a tomar esa decisión”, refirió el doctor en Historia por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en París, Manuel Ramos Medina.
Con la charla sobre José de León Toral a cargo del doctor Ramos Medina, concluyó el ciclo de conferencias ‘A un siglo del conflicto religioso en México’, organizado por el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM) de la Fundación Carlos Slim, que aportó una visión muy amplia de este trágico episodio que sigue dando material para investigación, discusión y comprensión de esa etapa de la historia de México.
León Toral ingresó en 1925 a la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) y fue invitado a formar parte de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa por Humberto Pro, jefe de esa organización en la colonia Santa María de la capital mexicana. Cuando el 4 de noviembre de 1927 se lanzaron los globos con la propaganda de la Liga, José fue visto por un vecino que lo acusó ante las autoridades, ya que estaba prohibido ese acto público y fue detenido.
A mediados de marzo de 1928, León Toral fue presentado por las hermanas Rubio, jefas de sección de la Liga en la colonia Santa María, con la abadesa del convento de las monjas en la calle del Chopo, Concepción Acevedo de la Llata, conocida como la Madre Conchita. “¿Quién hubiera imaginado el drama que juntos vivirían después?”, comentó el doctor Ramos Medina.
En una de las visitas al convento, Toral hizo a la Madre Conchita un comentario en el sentido de poder juntar los rayos para enviárselos al general Obregón y al señor Calles, a lo que la religiosa le contestó que no lo creía necesario porque había católicos sobradamente preparados para hacer lo pertinente y lo harían cuando llegara el momento oportuno. Entonces fue cuando José de León Toral consideró como algo del destino la muerte del presidente reelecto y eso se convirtió en una obsesión.
EL PLAN Y EL ASESINATO
A partir de ese momento, Toral decidió planear el asesinato de Obregón; estaba convencido de que contaba con un mandato divino e hizo un plan para dar fin al conflicto religioso en México, según se consigna en los archivos del caso. De acuerdo con su propio testimonio, el martes 17 de julio de 1928 “me levanté a las 6:30 de la mañana y llegué un poco después de la misa en casa de la Madre Conchita, salí únicamente con el bloc de dibujo y con la pistola. Después me quedé ahí en un salón que tienen como capilla. Yo solo, tratando de levantar mi ánimo y pidiéndole a Dios que me diera la ayuda necesaria para cumplir lo que consideraba como una misión suya”.
Respecto al arma que utilizó, era una pistola Star nueva calibre 35 que pertenecía a Manuel Trejo Morales, miembro activo de la Liga a quien Toral conocía bien. Le pidió prestado el revólver con el pretexto de que quería aprender a tirar al blanco, entonces le enseñó cómo usarla en el sistema de cuadra y le entregó 18 cartuchos, cargó diez y el resto los guardó en su bolsa. Toral relató que fue al cerro del Chiquihuite, al norte de la Villa de Guadalupe, y ahí disparó diez tiros; el sábado siguiente volvió a pedirle la pistola a Trejo Morales para tirar al blanco el domingo, día en que anduvo en la manifestación buscando la oportunidad para dar muerte a Obregón; la pistola la llevaba preparada desde su casa en el chaleco entre los botones, cerrado el saco.
Seguramente se encontraba nervioso, dubitativo en cuanto a su decisión, pues sea como fuere, acabar con una vida era una decisión que lo marcaría el resto de su vida. Después que salió del convento de la Madre Conchita, desayunó en un café de chinos en la calle Guerrero. Posteriormente se dirigió a la avenida Jalisco 185, hoy avenida Álvaro Obregón, con el fin de conseguir su objetivo: preparar la ejecución del presidente reelecto. Se sentó en una banquita a una cuadra de la casa del político sonorense y desde ahí se cuestionaba si debía realizar el plan o no.
Obregón se trasladó a un restaurante del sur de la ciudad de México, en San Ángel, llamado La Bombilla, donde actualmente está el parque del mismo nombre y el monumento a Álvaro Obregón. Hasta ahí se dirigió José de León Toral con su lápiz y su libreta para acercarse al militar y político, a quien los diputados guanajuatenses de la 33 Legislatura de la Unión le ofrecían una comida. Toral decidió abordar un “libre” (taxi) para seguirlo, hizo una parada en otro restaurante llamado El Trepiedi, donde tomó una cerveza Carta Blanca, y de ahí se fue en el mismo coche de alquiler a La Bombilla.
Según las declaraciones de los testigos había mucha gente, Toral se dirigió al mostrador y le pidió al cantinero media botella de cerveza, tanto para despistar a cualquiera como para calmar los nervios, luego fue al baño, donde preparó la pistola que había pedido prestada, la guardó dentro de la camisa forrada por el saco de lana que se había puesto ese día, tomó su cuaderno con toda tranquilidad con la mano derecha y preparó sus lápices que guardaba en la bolsa izquierda de su saco.
Ya dentro del restaurante campirano, donde había un ambiente de fiesta, de mucha conversación de unos con otros, Toral se dirigió al lugar de honor donde se encontraba el presidente reelecto, se apoyó en uno de los pilares rústicos y empezó a realizar bocetos del rostro del candidato, así como del director de orquesta que amenizaba la reunión, Alfonso Esparza Oteo; fue entonces cuando cogió la pistola y apuntó directamente a Obregón disparando varios tiros certeros que acabaron con su vida de inmediato. El desorden se hizo presente, la orquesta que interpretaba alegremente la música se detuvo y la gente gritaba, corría, se escondía bajo las mesas.
El autor del crimen fue detenido ahí mismo, golpeado y apartado; fue así como concluyó la tarea que venía planeando hacía tiempo. Ante las autoridades que investigaron el crimen, José de León Toral afirmó que él siempre había actuado sólo, que había sido el único responsable; las indagatorias también dieron por resultado que la Madre Conchita había sido coautora del delito, es decir la autora intelectual, que había sido ella quien influyó en el débil carácter del asesino.
Finalmente, el 8 de febrero de 1929 José Manuel Puig Casauranc, jefe del Departamento Central del Distrito Federal, ordenó a Felipe Islas, director de la Penitenciaria donde se encontraba Toral, que lo pusiera a disposición de la fuerza que iba a proceder con la sentencia, para que se cumpliera. Fue ejecutado el 9 de febrero tras recibir los auxilios espirituales por parte de fray Ignacio de Jesús Flores, religioso agustino, y, después de haber sido velado en su casa, el lunes 10 del mismo mes fue enterrado en el Panteón Español.
A la luz de las nuevas investigaciones, algunos historiadores sostienen que cuando se hizo la autopsia del cadáver de Obregón, encontraron más disparos de los que había hecho Toral, quien nada más disparó un tiro que le rozó la oreja. No hay testimonios de ello, no se sabe con exactitud si hallaron varios disparos de otras pistolas en el cuerpo, y en opinión del doctor Ramos Medina, sólo fueron los balazos certeros que hizo José de León Toral los que le quitaron la vida.
El director del CEHM comentó que las obras escritas sobre esta época de conflicto entre la Iglesia y el Estado –tanto investigaciones como novelas–, la mayoría se basaron en la historia oral porque los archivos estaban resguardados y hasta hace relativamente poco se pudieron abrir. Ahora, cuando nuevos investigadores están revisando el tema, se han encontrado con muchísimas historias más cercanas que la meramente oral, pues lo que no fue escrito con base en archivos, es una historia de la que debe dudarse. La historia oral es muy importante, pero hay que estar combinando los archivos, que en el CEHM están disponibles para su consulta, ofreció finalmente.

