- Gobierno de limitaciones
- Por GREGORIO ORTEGA MOLINA
Clase Turista
*Nada lo descolocó más que enterarse de que, efectivamente, la ley es la ley, y estar consciente de que pasó sobre ella para instrumentar sus decisiones y satisfacer su ego, porque ese cuento de que gobernó para servir al pueblo ni él mismo se lo cree, y menos desde el momento en que consideró a sus gobernados como mascotas
Los humanos estamos lejos de alcanzar la perfección. Adolecemos de limitaciones físicas y mentales. Es más fácil superar las primeras que las segundas, si no pregunten a Andrés Manuel de cuántas dosis de viagra debió disponer para engendrar a su último vástago, allá por Nayarit.
Confirman, quienes lo consumen, que el viagra refuerza la masculinidad sexual, pero la medicina, los suplementos alimenticios, los afectos y el poder de ninguna manera incrementan el coeficiente intelectual. Permanecen, los humanos, con la inteligencia con la que los trajeron al mundo sus padres y Dios los bendijo.
En la cúspide del poder, de la posibilidad de hacer y deshacer de acuerdo a tu voluntad y tus rencores, caes en la cuenta de que es imposible saberlo todo y poderlo todo. Lo constatan quienes creen que el dinero, las fortunas acumuladas, los transforman en divinidades, recuerdan la tentación de la serpiente a Eva: seréis como dioses.
Les duele saber que no pueden todo, que no hay manera de sustituir los afectos perdidos ni de satisfacer las venganzas personales, los rencores, porque exhiben al dueño de sus desafectos tan solo para percatarse que nada lograron sino lastimarlo, poco o mucho, pero continuarán careciendo, los señores del gran poder, de aquello con lo que no nacieron.
Permanecer en la silla del águila, y estar conscientes de que debajo de sus pies carecen de todo, saber a ciencia y paciencia de los defectos de su hijo menor (tanto físicos como de coeficiente intelectual) debe de causar un terrible escozor al alma o la razón o los sentimientos -si es que tiene alguna de esas tres características que definen a los humanos- de Andrés Manuel, porque tarde sabe que acumular tanto poder no resolvió su problema de personalidad, de saber quién es y por qué está obsesionado con destruir las instituciones y la ley.
Nada lo descolocó más que enterarse de que, efectivamente, la ley es la ley, y estar consciente de que pasó sobre ella para instrumentar sus decisiones y satisfacer su ego, porque ese cuento de que gobernó para servir al pueblo ni él mismo se lo cree, y menos desde el momento en que consideró a sus gobernados como mascotas.
Es momento de que al México bueno y sabio se le desprendan las escamas de los ojos y de la razón, para que pueda percatarse, con claridad, de las limitaciones de los gobiernos de la 4T.
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@OrtegaGregorio
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