- DE VERGÜENZA
- CARLOS RAMOS PADILLA
Clase Turista
Me gustaría, en verdad, afirmar que somos una nación alegre, poblada de bromistas en donde los chistes nos crean fama. Pero lamentablemente no es así. Nos han convertido en una sociedad radicalizada en donde la ley se rige por la el dedito de un mesías, el Estado de derecho está roto, no hay política y menos políticos.
Un gobierno que habla de austeridad y son ellos los que viajen en primera y gozan de ricas propiedades. Los hijos del expresidente fuera de control. Jesús Ernesto al que popularmente se le identifica como el “chocoflan” perreando lo
mismo en Houston, que en Londres, Madrid o Tokio.
José Ramón haciendo fila en Disneylandia y Andrés de compras en Asia. Un grillete a Emilio Lozoya que le permite comer en los mejores restaurantes, los hermanos Monreal advertidos por el crimen organizado, Cuauhtémoc Blanco considerado el peor gobernador en la historia de Morelos luciéndose en las cabinas de radio y televisión o en los estadios.
Fernández Noroña festejando en Cuba, en España, entre los iraníes o palestinos mientras se divierte en la casa de Tepoztlán.
El griterío de Morena “Rocha Moya no estás solo” y semanas después le dan la espalda, Citlali quejándose que no la pelan, la presenta (con a) enterándose de las decisiones de los gobernadores a través de las redes mientras convalece de una gripe.
Alejandro Encinas de ocultar a un criminal como Julio César Godoy Toscano a fracasar en el caso de Ayotzynapa y luego ser premiado para proteger al guerrillero nicaragüense Daniel Ortega en la OEA, organismo que López obrador propuso desaparecer y de pasadita demoler la estatua de la libertad en Nueva York.
Un gobernador como Rocha Moya que va y viene de su cargo de acuerdo a los caprichos del patrón. Un ofendido Andrés López Beltrán que envía una ofensiva y ridícula carga a Trump por aquello de una visa que Palacio Nacional la subió a conflicto de soberanía.
Una Luisa Alcalde que exhibe listas que dice que no son listas sino ”ecosistemas digitales globales” y una Vilchis que se esconde y se desaparece en redes sociales después de las pifias en la mañanera. Un cadáver que se placea en un ambiente de impunidad como el de Héctor Melesio Cuen.
Una administración que promete transparencia y libre expresión pero propone limitar los derechos de audiencia en donde al colapsar la línea dorada culpan a un perno y el descarrilamiento (deslizamiento de vías dijeron en Palacio) es culpa de los maquinistas por ir a 65 kilómetros por hora.
Ningún responsable de la violencia y criminalidad en el país en dos sexenios, nadie tras las rejas y un sistema imprudente e ineficaz incapaz de presentar en más de 100 días pruebas a favor de Rocha Moya acusado por tribunales neoyorquinos y hoy prófugo de la justicia.
Y los casos y cosas se suman en el desprestigio dentro de una diplomacia nula, abollada. Jueces producto de acordeones y tómbolas. Avión presidencial que se rifa. Somos una triste estampa, no hay duda en donde vemos que a los capos los capturan en Estados Unidos y aquí los triunfos mediáticos son Murillo Karam, Ernesto Ruffo y Ángel Aguirre.
Un presidente que se mete en la cuna de los narcotraficantes, se llama Badiraguato y se codea con la madre de uno de los capos. Megafarmacias y refinerías que no operan pero los recursos son enviados gratuitamente a Cuba mientras la devastación de OTIS en Acapulco dejó miles de damnificados mientras se acusa a Abelina López su alcaldesa de corrupción.
Y nada de todo esto es materia de chascarrillos o chistes de antro, es nuestra realidad, así de simple.
Pero la broma más pesada es creer que acabar con la violencia y los matones es un asunto de injerencia.