- Caminar entre antiguas rutas mayas, pedalear, remar entre manglares o adentrarse en grutas, algunas de las opciones
Clase Turista
Hay lugares que se conocen observándolos y otros que invitan a recorrerlos. En Yucatán, ponerse en movimiento abre una forma diferente de viajar: seguir un sendero entre la selva, avanzar en bicicleta por antiguos caminos, remar al ritmo de una ría o descender hacia el sorprendente paisaje que se esconde bajo tierra.
Para quienes disfrutan incorporar actividad física a sus viajes —ya sea tranquilamente o buscando una buena dosis de aventura—, el estado ofrece experiencias que combinan naturaleza, cultura y encuentro con las comunidades. No se trata de llegar primero ni más lejos, sino de elegir el propio ritmo y dejar que el camino también sea parte del destino.
Caminar y pedalear para descubrir otro Yucatán
Una de las mejores formas de comprobarlo es el Camino del Mayab, una red de antiguos caminos en la región de Cenotes y Haciendas que puede recorrerse a pie o en bicicleta de montaña. Su trayecto conecta comunidades y permite combinar el movimiento con paradas para probar gastronomía local, conocer cenotes, haciendas y sitios de valor histórico y natural. El recorrido pasa por 13 comunidades y tiene entre sus puntos cercanos la zona arqueológica de Mayapán y cenotes como Kankirixché y San Marcos.
Aquí, pedalear o caminar es también una manera de mirar con más atención: escuchar los sonidos de la vegetación, conversar con quienes viven en las comunidades y descubrir los paisajes rurales que existen a poca distancia de Mérida.
Remar entre manglares
Cuando el camino llega a la costa, la aventura cambia de ritmo. En Sisal, Pueblo Mágico costero, es posible recorrer en kayak la ciénaga y sus espacios naturales, entre manglares y ojos de agua dulce. El silencio del entorno, interrumpido por el sonido de las aves y el movimiento de los remos, convierte la travesía en una experiencia que permite acercarse al ecosistema sin prisas.
El kayak es también una alternativa para descubrir otros puntos de la costa yucateca. Progreso, Celestún, Telchac y la Ría de Chuburná cuentan con opciones para navegar entre rías, esteros, lagunas y manglares. En Chuburná, por ejemplo, los recorridos se realizan por aguas someras y tranquilas, atravesando paisajes donde el agua, las aves y los túneles naturales formados por el manglar son los protagonistas.
Bajo tierra, la aventura continúa
Yucatán también invita a moverse en dirección contraria: hacia el interior de la tierra. La geografía del estado está marcada por cenotes, cavernas y grutas que ofrecen una perspectiva completamente distinta del paisaje.
En el sur, Tekax se ha convertido en uno de los puntos para quienes buscan una experiencia con más adrenalina. Su oferta incluye recorridos por grutas, rappel y tirolesas, mientras que sitios como las Grutas de Calcehtok permiten adentrarse en escenarios subterráneos entre formaciones rocosas y pasajes naturales. La oferta de aventura del estado también incluye grutas como Loltún, Balankanché y Tzabnah.
Después de caminar, pedalear o explorar, los cenotes ofrecen otra posibilidad: entrar al agua y disfrutar de uno de los paisajes naturales más característicos de la península. Yucatán cuenta con más de 3,000 cenotes registrados, una presencia que ha dado forma tanto a su territorio como a la historia y cultura de sus comunidades.
Un viaje al ritmo de cada persona
Viajar activamente no significa necesariamente buscar experiencias extremas. Puede ser una mañana en bicicleta, una caminata entre naturaleza, un paseo tranquilo en kayak o una jornada de exploración para quienes buscan desafíos mayores. Yucatán permite construir itinerarios para distintos intereses, edades y ritmos de viaje, haciendo del movimiento una herramienta para mirar el destino desde otra perspectiva.
La recompensa está en aquello que sucede durante el recorrido: un cenote que aparece entre la vegetación, una comunidad que invita a detenerse, el vuelo de un ave sobre el manglar o el cambio de luz mientras cae la tarde sobre la costa.
Porque descubrir Yucatán en movimiento es también una manera de acercarse a su esencia: avanzar despacio cuando el paisaje lo pide, detenerse cuando algo sorprende y comprobar que, muchas veces, lo mejor del viaje está precisamente en el camino.

