- Por Norma L. Vázquez Alanís
Clase Turista
(Primera de dos partes)
El gran historiador y filósofo Edmundo O’Gorman, reconocido por sus grandes aportaciones a la revisión de la historia de México, decía: “No estamos para regañar a los muertos, sino para entenderlos”. Y eso es lo que dijo que trataba de hacer el doctor en Historia por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en París, Manuel Ramos Medina, en su charla sobre José de León Toral, con la que cerró el ciclo de conferencias ‘A un siglo del conflicto religioso en México’, organizado por el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM) de la Fundación Carlos Slim.
José de León Toral, el asesino del general Álvaro Obregón, ha sido objeto de muchos estudios, ha sido reprobado y las más de las veces incomprendido; por ello es necesario ver y releer los archivos, pero sobre todo los documentos del juicio para tratar, no de aceptarlo, sino de entenderlo, expresó el doctor Ramos Medina, quien también es director del CEHM.
Aseguró que León Toral estaba convencido de lo que hacía y para él su fusilamiento era un final de su vida que le había permitido Dios y que estaría en ese mismo momento en el cielo, y hay que comprenderlo en el contexto de un conflicto, porque citando al papa Francisco: “una guerra es terrible, una guerra es enfrentamiento de la humanidad que no tiene mayores posibilidades de explicaciones”.
Recordó que aquel era un momento muy delicado para el país, porque se enfrentaban la Iglesia y el Estado como consecuencia de la decisión del presidente Plutarco Elías Calles de regularizar y prohibir inclusive la intromisión de la Iglesia en cuestiones gubernamentales, y además debe considerarse que los dirigentes políticos eran militares, revolucionarios, y no tenían esa amplitud de criterio para gobernar a México por lo cual se sucedían los asesinatos entre ellos mismos.
Agregó Ramos Medina que, ante esta situación, el conflicto del Estado con la Iglesia desembocó en una lucha armada. El gobierno había consignado a algunos miembros del clero mexicano ante la Procuraduría de la Nación y expulsó a sacerdotes extranjeros y al delegado apostólico; en respuesta los católicos organizaron la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa para declarar el boicot a las autoridades. Entonces, las clases medias y los campesinos intervinieron en contra del gobierno, lo que permite evaluar por qué algunos católicos decidieron hacer justicia por sí mismos; José de León Toral fue uno de ellos en la ciudad de México.
Y pasados cien años, este trágico episodio sigue llamando la atención por varias razones. La primera, porque el móvil no fue esclarecido del todo; segunda, porque fue un motivo que preparó el fin de una guerra interna donde la Iglesia jugó un papel muy importante al entrar en diálogo con las autoridades políticas, y tercera, porque la institución tuvo que abrirse a una nueva etapa del país, es decir, se lograron los acuerdos en 1929 y así se cerró uno de los capítulos más dolorosos de la historia de México. A partir de ese conflicto vino una época mucho más tranquila, pero vale la pena recordar este episodio de la Historia de México para poder comprender y valorar el México actual, consideró el doctor Ramos Medina.
UNA POSIBILIDAD DE INVESTIGACIÓN
Dijo que, sin ser especialista en el tema del enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado, se interesó en la figura de José de León Toral porque “a los que estudiamos historia o los que somos curiosos por el pasado, los personajes nos van escogiendo, y este fue el caso”. Explicó que cuando daba clases en una preparatoria, estaba hablando del asesinato de Álvaro Obregón y un alumno dijo: “Maestro, aquí está el sobrino del que lo mató”. Al terminar la clase abordó al muchacho y le preguntó por qué había dicho eso, a lo que él respondió: “Efectivamente, mi tío fue José de León Toral, yo me llamo Fernando de León”.
Volvió a encontrar a su alumno en un viaje a España por una beca para investigar la historia de la Orden del Carmen, y nuevamente tuvo contacto con él cuando lo nombraron director del CEHM. Fue entonces cuando le dijo: “Mira, el Centro de Estudios es un lugar donde se resguardan archivos privados y mucho me gustaría tener un acercamiento contigo y con tu familia para investigar sobre tu tío, porque esta casualidad es la manera en que se me aparecen las posibilidades de investigación”.
Aceptaron y fueron al CEHM donde hablaron tanto del personaje como de la época de los años 20 y del levantamiento cristero, y le permitieron copiar el álbum fotográfico de José de León Toral con imágenes desde muy pequeño hasta su muerte. La hija de León Toral, Esperanza de León, monja de la orden religiosa del Verbo Encarnado y Santísimo Sacramento, comentó que en su casa nunca se había tocado el tema de su papá, sabían que había estado inmiscuido en un asunto muy grave, pero no se hablaba de eso. Sin embargo estaba convencida de que su padre, a quien no conoció pues murió cuando ella era muy pequeña, había actuado solo y jamás estuvo en un complot. “Con toda esa información -apuntó Ramos Medina- nos dimos a la tarea de recuperar esa memoria”.
Y explicó que cuando los historiadores abordan algún tema, sobre todo de carácter muy difícil, “tomamos una postura más allá de sólo presentar los hechos, analizamos lo que sucedió para tratar de tener una idea clara del momento de esa década del siglo pasado y del personaje, sin excusarlo ni llevarlo a los altares, simplemente para comprenderlo como una persona importante, que destacó y le costó la vida”. Así pudo investigar y conocer varias aristas de su personalidad, y consideró “importante darlo a conocer como una figura del movimiento cristero que decidió matar al presidente reelecto Álvaro Obregón”.
JOSÉ DE LEÓN TORAL, EL PERSONAJE
José de León Toral nació en Matehuala, San Luis Potosí, el 23 de diciembre de 1901, y llegó a la ciudad de México de once años en compañía de sus padres Aureliano de León y María Toral, originarios de Jalisco, tuvo siete hermanos. La estancia en Matehuala fue transitoria, pues cambiaron varias veces de domicilio en función del trabajo del papá, hasta que en 1911 se establecieron definitivamente en la capital del país.
José fue inscrito en las escuelas de los hermanos Lasallistas, donde se formó como un buen cristiano y un magnífico estudiante, según consta en los archivos. Era un hombre de carácter reservado y de cierta forma misántropo, contrajo nupcias con Paz Martín del Campo, originaria de Lagos de Moreno, Jalisco, y procrearon tres hijos: Juan, Esperanza y otro que nació cuando José ya estaba en prisión.
Los periódicos de la época escribieron: “Su imagen era la de un joven sugestionable desde muy pequeño, durante su adolescencia Toral estuvo relacionado con un individuo de edad avanzada que ejercía gran poder sobre él, José Mendizábal, hombre virtuoso y profundamente religioso, que entabló una estrecha relación de amistad con él; ambos compartían una intensa devoción por el catolicismo”. El doctor Ramos Medina explicó que, cuando su madre se percató de esa amistad, lo inscribió en el Club Alvarado, de los hermanos maristas, para que se relacionara con jóvenes de su edad y practicara el deporte en grupo.
Siempre según el historiador y conferencista, Toral tenía gimnasio en su casa, era un hombre muy sano, muy dedicado al deporte, al ejercicio y a cuidar su figura; su afición al deporte lo llevó a tener un cuerpo marcado por la musculatura que daba la disciplina y el constante ejercicio, además gustaba de correr, nadar y jugar futbol, indicó el ponente.
Toral se desempeñó como maestro de dibujo para alumnos de preparatoria en el Colegio San Borja; era un excelente dibujante y por las tardes colaboraba en el departamento de dibujo del periódico Excélsior, donde permanecía hasta altas horas de la noche a cambio de un sueldo modesto, porque le gustaba mucho su trabajo. Ocupaba sus horas libres en organizar actos religiosos y piadosos, horas santas, auxilios espirituales a gente necesitada, preparación de los niños en la doctrina cristiana, visitar a los enfermos, etcétera.
(Concluirá)

