SE COMENTA SOLO CON…

  • SE ACABÓ… COMO SIEMPRE
  • CARLOS RAMOS PADILLA

Clase Turista

Pues llego para México el fin del Mundial. Perdió la selección, el AZTECA deja de ser sede, no más altercados en el Ángel, se despiden los turistas y volvemos nuevamente a nuestra realidad.

El Mundial sirvió de catarsis, de distracción con triunfos temporales. Ánimo a la ilusión y a la esperanza. Se cambió el grito de «si se puede» por una pregunta: «y si, si?»

Vimos a una presidenta escondida, abandonando la convivencia con los mexicanos, supimos que solamente atiende y es atendida por algunos y que considera que México está bien representado por Salma Hayek.

La ruin escenografía de llevar a un pato a la mañanera mientras continúa creciendo el drama de los desaparecidos y la muerte de miles. Griterío de «asesino», «violador» y «cómplice del narco» contra un arrogante y hasta este domingo intocable Cuauhtémoc Blanco.

Figuras del mundo político muy cuestionadas y perseguidas por sus actos disfrutando de las mejores y más caras butacas en los estadios de aquí y de allá.

Un país, el nuestro, que entregó su soberanía a la FIFA y que se permitió el lujo de exentarlo del pago de impuestos, de imponer condiciones sobre los palcos, de etiquetar carísimas las entradas y de permitir (ahi están las imágenes) la manipulación en el arbitraje de los encuentros determinado que el mundo considera a Gianni Infantino el peor presidente de la organización futbolera, que luego de la gestión de Joao Havelange es mucho decir.

Más de 6 millones de firmas solicitando la dimisión de Infantino por ejercer presiones para proteger a Messi (con sus permanentes engaños y trampas) y acelerar los pasos de Argentina a la final dejando viva la estampa de otro tramposo como Maradona y «la mano de Dios».

Decisiones que se saltan al VAR desde la Casa Blanca. El presidente Trump exhibió los detalles de su plática con Infantino sobre la controvertida decisión de tarjeta roja al estrella jugador estadounidense Folarin Balogun: «Solo pedí una revisión porque no pensé que fuera una falta. Y, ya sabes, de nuevo, soy bueno en estas cosas. No pensé que fuera una falta. Pensé que eran dos grandes atletas que chocaron entre sí y se enredaron. Creo que la decisión del árbitro fue horrible y nadie habla de eso».

Pues se vaciaron las calles y plazas mexicanas de anormales inadaptados que destruyeron a su paso mobiliario urbano y dejaron constancia de una ausencia de educación al convertir a la vía pública en muladar sin seguir el ejemplo de naciones dignas con ellos y con los demás como Cabo Verde o Japón.

Creemos divertido arrojar líquidos a extranjeros para, de la forma mas baja y cobarde, esconderse. Ya nos sacudió la magia de un balón, las piernas de los jugadores, la impactante emoción de nuestro himno interpretado por millones al mismo tiempo.

El Azteca volverá a ser -para la gran mayoría- el AZTECA, no el Banorte y mucho menos «el estadio de la Ciudad de México» como impuso también la FIFA.

Se acabó… como siempre, midiéndonos con superpotencias pero quedándonos al margen como ocurrió con el fracaso de la negociación del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá. Un país que lejos de celebrar la bienvenida de extranjeros, desde sus gobiernos les alertaban de no viajar a México por la violencia que vivimos.

Dolió nuevamente la máxima: «jugamos como nunca, perdimos como siempre» pero en esta ocasión hay una enorme diferencia.

Finalmente, la Selección Nacional presumió nuestros colores y nos unificó a todos con la misma camiseta (la más vendida en el Mundial). Nos pusimos la verde, todos, para saber que si podemos cambiar, que es el momento de redefinir caminos y que nuestro destino va más allá de una cancha de fútbol.

Todo pensamos lo mismo, en unión, en triunfar, en revalorar la u en buscar un cambio significativo que nos regrese la grandeza, esa que nos pertenece, no a los narcopolíticos y gobernantes.

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