- Permite a la banca formal diferenciarse, proteger la confianza del cliente y mantener el crecimiento del negocio
Clase Turista
El auge de las apps de crédito ha venido acompañado de un fenómeno que ya encendió las alertas del sector financiero; se trata del crecimiento de fraudes en aplicaciones de crédito ilegales que operan con identidades falsas, datos robados y esquemas de engaño sistemático. Aprovechando vacíos de control y procesos laxos de verificación de identidad en línea, estas plataformas captan usuarios de forma masiva, escalan rápidamente y generan un impacto que trasciende a los casos individuales, al erosionar la confianza en todo el canal digital.
De acuerdo con el Reporte de Fraude de Identidad 2025–2026 de Sumsub, en 2025 los servicios financieros se posicionaron como el segundo sector más afectado a nivel global por el fraude de identidad, con una incidencia del 2.7%. En México, al menos 3 de cada 10 usuarios que solicitaron un préstamo a través de una app fueron víctimas de fraude, según datos de Kardmatch, comparador de productos financieros.
El impacto de estas prácticas va mucho más allá de las pérdidas económicas individuales. Cada fraude cometido a través de una app ilegal erosiona la confianza del usuario en todo el ecosistema fintech. Para el cliente final, la distinción entre una plataforma fraudulenta y una institución formal se vuelve difusa, dando como resultado un daño reputacional colectivo que afecta También a las empresas legítimas, reguladas y comprometidas con la seguridad.
Verificación de identidad es clave en la prevención de fraudes financieros
En muchas organizaciones de servicios financieros, la verificación de identidad en línea sigue tratándose como un requisito de cumplimiento normativo o un simple trámite para “activar” clientes. Bajo esta lógica, los esfuerzos se concentran en reducir fricción, acelerar el onboarding y cumplir con el umbral mínimo que marca la regulación, pero se deja de lado el hecho de que se trata de un componente fundamental para el crecimiento del negocio.
Y es que, cuando la verificación de identidad se debilita, no solo se expone a la institución a riesgos regulatorios, sino que se compromete la integridad de todo el ecosistema financiero. “Una identidad mal verificada abre la puerta al fraude individual, como ha sucedido con los fraudes en aplicaciones de crédito, y compromete toda la cadena de valor. Permite la creación de cuentas falsas, el uso indebido de datos personales, el sobreendeudamiento forzado y, en los casos más graves, la extorsión y el acoso a los usuarios”, advierte Javier Herrera Zumztein, Especialista en Delitos Financieros de Sumsub en América Latina.
Cada app fraudulenta que opera sin controles robustos incrementa la percepción de riesgo en todo el canal digital. El usuario promedio no distingue entre una fintech formal y una aplicación ilegal; si fue afectado por fraudes en aplicaciones (apps) de crédito el daño se asocia al modelo completo. Así, la desconfianza se generaliza y termina impactando a empresas legítimas que sí invierten en cumplimiento, seguridad y tecnología.
Herrera Zumztein añade que, “la verificación de identidad en línea constituye la primera línea de defensa tanto para el usuario como para el propio sistema financiero digital”. Reconoce que, “para las instituciones de servicios financieros, esto implica dejar de ver la verificación de identidad como un proceso aislado del onboarding y asumirla como un factor de seguridad y confianza, capaz de proteger la operación a lo largo de todo el ciclo de vida del cliente”.
Una ventaja competitiva que distingue a la banca formal de la ilegítima
Las apps fraudulentas prosperan precisamente donde la identidad no se valida de forma rigurosa. Operan al margen de la regulación, captan usuarios con promesas irreales y se apoyan en identidades falsas o suplantadas para escalar rápidamente. Frente a este escenario, Herrera indica que “las instituciones financieras formales tienen la oportunidad de diferenciarse no por cumplir la regulación mínima, sino por convertir la verificación de identidad en línea en una ventaja competitiva que proteja al usuario, fortalezca la confianza y mantenga el crecimiento del negocio”.
Agrega que invertir en procesos sólidos de verificación de identidad —capaces de detectar documentos manipulados, identidades sintéticas o patrones anómalos desde el primer contacto— es una forma activa de proteger el negocio y prevenir ilícitos como los fraudes en aplicaciones. Pero también es una señal hacia el mercado, de que “aquí los datos están protegidos, la institución es real y legítima, y la relación se construye sobre confianza”.
Para los líderes financieros, la discusión ya no debería centrarse en si la verificación de identidad “afecta la conversión” o “añade fricción”, sino en el costo de no tratarla como un elemento crítico que contribuye a prevenir fraudes financieros en línea, preservar la integridad del sistema financiero, proteger a los usuarios y mantener la capacidad de innovación de la banca en el largo plazo.
Para las instituciones bancarias, el reto está en reconocer que la verificación de identidad digital es un activo crítico —al mismo nivel que la infraestructura de pagos, la gestión de riesgo o la solidez del capital— para la estabilidad del negocio y la confianza del mercado.
Minimizar su importancia equivale a aceptar un entorno donde cada brecha, cada app fraudulenta y cada usuario afectado deterioran la credibilidad de los canales digitales que hoy sostienen el crecimiento del sector.
“Reforzar la verificación de identidad no es solo una medida para la prevención de fraudes financieros; es una inversión en continuidad operativa, reputación y valor a largo plazo. De ello depende que la transformación digital de la banca avance sobre cimientos sólidos o quede expuesta a vulnerabilidades que, tarde o temprano, terminan traduciéndose en pérdidas financieras, regulatorias y de confianza”, concluyó Herrera Zumstein.

