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19 marzo,2026

Conocer cómo empieza el cáncer colorrectal, clave ante el aumento de casos en jóvenes

  • Especialista resalta que la detección temprana previene complicaciones y mejorar las posibilidades de tratamiento

Clase Turista

Muchos creímos que el cáncer colorrectal era algo que les pasaba “a otros”, generalmente a personas mayores. Hoy, esa sensación de distancia se ha roto. Cada vez más personas jóvenes reciben este diagnóstico cuando menos lo esperan, en medio del trabajo, la familia y los planes a futuro. Por eso, entender cómo empieza el cáncer colorrectal es una prioridad para avanzar hacia una detección temprana y oportuna.

Bajo esta realidad, el 31 de marzo, Día Mundial contra el Cáncer de Colon, adquiere mayor relevancia como un llamado urgente a tomar conciencia. Y es que, en México, alrededor de 15 mil personas reciben cada año un diagnóstico de cáncer colorrectal, según la Secretaría de Salud. Lo que más preocupa es que, de acuerdo con el Instituto Nacional de Cancerología (INCan), al menos uno de cada cinco pacientes diagnosticados tiene menos de 50 años.

Hoy más que nunca, la información y la detección oportuna pueden marcar la diferencia entre un diagnóstico tardío y una vida salvada. Como señala la doctora Aparna Parikh, directora médica del Centro de Cáncer Colorrectal en Adultos Jóvenes del Instituto Oncológico Mass General Brigham: “El cáncer colorrectal es en gran parte prevenible y, en la mayoría de los casos, curable, especialmente si se detecta temprano”.

¿Qué es el cáncer colorrectal y cómo se produce?

Entender qué es el cáncer colorrectal y cómo se produce permite dimensionar su impacto en la salud. Se trata de una enfermedad que se desarrolla en el intestino grueso, específicamente en el colon o en el recto, y que afecta el funcionamiento normal del sistema digestivo. “Se caracteriza por la presencia de células malignas que crecen en el colon o en el recto”, explica la doctora Parikh. Añade que “este cáncer a menudo comienza como pólipos (crecimientos benignos), los cuales no son cancerosos, pero sí pueden convertirse en cáncer con el tiempo”.

Su desarrollo está vinculado a cambios en el material genético (ADN), conocidos como mutaciones. Aunque con frecuencia no se conoce la causa exacta de estos cambios, algunos de ellos pueden heredarse y aumentar el riesgo de desarrollar la enfermedad.

Si bien el riesgo de padecerlo aumenta con la edad, hoy, cada vez más adultos jóvenes reciben un diagnóstico de cáncer colorrectal, incluso sin antecedentes claros o señales previas que lo hicieran previsible. Las razones aún no están del todo claras. De acuerdo con la especialista de Mass General Brigham, “es un área activa de investigación sobre por qué esta tendencia se está manifestando en pacientes más jóvenes”. Explica que “existen muchas hipótesis relacionadas con exposiciones dietéticas o ambientales en la infancia temprana, junto con cambios de peso, entre otros factores”.

Factores que pueden aumentar el riesgo de cáncer colorrectal

El cáncer colorrectal puede afectar a cualquier persona, pero no todas partimos del mismo punto. Hay condiciones, antecedentes y hábitos que pueden aumentar la probabilidad de desarrollarlo, incluso sin que seamos plenamente conscientes de ello. Conocer estos factores puede ayudarnos a identificar riesgos y a tomar decisiones más informadas sobre la salud.

  • Tener historial familiar o personal de cáncer colorrectal o tener un síndrome genético. De hecho, hasta el 30% de todos los diagnósticos ocurren en pacientes que tienen antecedentes familiares.
  • Tener un historial de adenomas. Los adenomas son pólipos colorrectales que se ven anormales bajo un microscopio o que miden 1 centímetro o más. A veces pueden convertirse en cáncer con el tiempo.
  • Tener colitis ulcerosa crónica o enfermedad de Crohn por 8 años o más.
  • Fumar cigarrillos. El consumo de tabaco es una adicción que afecta la salud y aumenta el riesgo de distintas enfermedades, incluido el cáncer.
  • Consumir tres o más bebidas alcohólicas al día.
  • Tener obesidad. Su médico puede calcular su índice de masa corporal (IMC) usando una fórmula que involucra altura y peso. Si su IMC es superior a 30, tiene obesidad.

Cómo reconocer señales y actuar a tiempo

Pero ¿cómo empieza el cáncer colorrectal? Entre los síntomas más comunes se encuentran el malestar o los cólicos abdominales, la presencia de sangre en las heces o sangrado por el recto, así como cambios en la forma, el color o la frecuencia de las evacuaciones. También pueden aparecer episodios de diarrea o estreñimiento, la sensación de no vaciar completamente el intestino, aumento de gases o una pérdida de peso sin una causa aparente. Es importante tener en cuenta que estos síntomas no siempre están relacionados con la enfermedad y pueden deberse a otras condiciones.

Precisamente porque los síntomas pueden ser confusos, leves o incluso inexistentes en etapas tempranas, la detección temprana del cáncer colorrectal juega un papel clave. Las colonoscopias permiten detectar el cáncer incluso antes de que aparezcan síntomas o cuando la enfermedad aún no está avanzada, y eso puede marcar una gran diferencia.

¿Cuándo hacerse una colonoscopia preventiva? Las recomendaciones generales indican que, si tienes antecedentes familiares de cáncer colorrectal, la primera colonoscopia debe realizarse a los 40 años o 10 años antes de la edad en la que fue diagnosticado un familiar directo. Para el resto de las personas, el cribado suele comenzar a los 45 años, incluso si no hay síntomas. “Como oncóloga que atiende principalmente a pacientes jóvenes, mi inclinación es realizar pruebas de detección a edades más tempranas”, señala la especialista.

Además, la doctora Parikh sugiere ciertas acciones que pueden ayudar a reducir las posibilidades, tales como comer alimentos saludables, incluyendo muchas verduras, frutas y granos enteros; limitar el consumo de carne roja; ejercítese con regularidad; limitar o evitar el alcohol; mantener un peso saludable y dejar de fumar.

El abordaje del cáncer colorrectal en adultos jóvenes ha evolucionado hacia modelos de atención integrales y personalizados, que toman en cuenta no solo las características médicas de la enfermedad, sino también las necesidades de vida propias de esta etapa. Según cada caso, el tratamiento puede incluir cirugía colorrectal, quimioterapia, radioterapia, terapias dirigidas, inmunoterapia e incluso el acceso a ensayos clínicos.

El objetivo es claro, esto es, ofrecer planes terapéuticos ajustados a cada persona, que combinen el rigor científico con un enfoque humano y coordinado, y que permitan enfrentar la enfermedad con mayores oportunidades de control y recuperación.

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