- Más de 1,300 edificios en riesgo
Clase Turista
El mayor riesgo para una construcción no siempre aparece después de un sismo o una tormenta. En miles de inmuebles, el deterioro comienza mucho antes y de forma silenciosa. Una filtración constante, la humedad acumulada o el envejecimiento de los materiales pueden avanzar durante años sin ser detectados, debilitando gradualmente la estructura y elevando el costo de las reparaciones.
La dimensión del reto ya es visible. De acuerdo con el Instituto para la Seguridad de las Construcciones en la Ciudad de México (ISC-CDMX), más de 1,300 inmuebles presentan algún nivel de vulnerabilidad estructural, una condición que refleja el envejecimiento del parque inmobiliario y la necesidad de fortalecer las estrategias de conservación y mantenimiento preventivo.
El desafío no es exclusivo de la capital. Según ONU-Habitat, actualmente el 55% de la población mundial vive en ciudades y esta proporción aumentará a 68% hacia 2050. Este crecimiento ejercerá una presión cada vez mayor sobre edificios e infraestructura que, en muchos casos, fueron construidos hace varias décadas y hoy requieren intervenciones constantes para conservar su seguridad y funcionalidad.
Especialistas coinciden en que muchas fallas estructurales tienen un origen común: la falta de mantenimiento preventivo. Las filtraciones, la humedad persistente, el deterioro de cubiertas y la exposición continua a factores ambientales favorecen procesos como la corrosión del acero de refuerzo y la degradación de distintos materiales, reduciendo progresivamente la vida útil de las edificaciones.
«Cuando hablamos de vulnerabilidad estructural normalmente pensamos en sismos o grandes desastres naturales, pero muchas veces el deterioro comienza mucho antes. Una filtración constante, la humedad acumulada o el desgaste de los materiales pueden comprometer progresivamente una construcción. Actuar de forma preventiva permite conservar la seguridad del inmueble, reducir costos y extender significativamente su vida útil», señaló Ricardo Rojas, Gerente de Marketing de Imperquimia.
En ciudades donde los fenómenos meteorológicos son cada vez más intensos y las temperaturas extremas se presentan con mayor frecuencia, la protección de las edificaciones se ha convertido en un elemento estratégico para preservar el patrimonio. La impermeabilización oportuna, el monitoreo periódico y el mantenimiento preventivo ayudan a evitar que pequeñas afectaciones evolucionen hacia reparaciones estructurales de alto costo.
Entre los principales beneficios de una estrategia preventiva destacan:
Prolongar la vida útil de viviendas, edificios e infraestructura.
Reducir significativamente los gastos futuros derivados de reparaciones mayores.
Detectar oportunamente filtraciones y deterioros antes de que comprometan la estructura.
Conservar el valor patrimonial de los inmuebles.
Mejorar la seguridad de quienes habitan o utilizan los edificios.
Incrementar el desempeño de los sistemas de protección frente a la humedad y otros agentes ambientales.
«La infraestructura más segura es aquella que se mantiene antes de que aparezcan los problemas. La prevención debe convertirse en una prioridad para propietarios, desarrolladores y administradores de inmuebles. Invertir en mantenimiento hoy significa evitar riesgos y costos mucho mayores en el futuro», concluyó Ricardo Rojas.
Con más de cinco décadas de experiencia en el mercado mexicano, Imperquimia impulsa el desarrollo de soluciones para la protección de superficies que contribuyen a conservar viviendas, edificios e infraestructura, favoreciendo una mayor durabilidad y un mejor desempeño frente a los desafíos que enfrentan las ciudades actuales.
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