La guerra cristera tuvo financiamiento europeo a través de EEUU: Marisol López

  • Por Norma L. Vázquez Alanís

Clase Turista

(Segunda y última parte)

Al hablar de los ‘Protagonistas del conflicto religioso’ en el ciclo de conferencias ‘A un siglo del conflicto religioso en México’, organizado por el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM) de la Fundación Carlos Slim, la doctora en Sociología por la New School for Social Research de Nueva York, Marisol López Menéndez, dijo que es indispensable conocer quiénes fueron los protagonistas principales en ese enfrentamiento entre Iglesia y Estado porque no hay contrapesos en la información al respecto y entonces se tiende satanizar a los del bando contrario.

Comenzó por señalar a Álvaro Obregón como un personaje por demás interesante, al que buena parte de los cristeros culpaban del estado de las cosas, aunque fue el presidente Plutarco Elías Calles quien impulsó la ley que desató la escalada de violencia, y era visto como una figura mucho más anticlerical, por lo cual lo percibían como quien estaba detrás de estas afrentas a la Iglesia católica, de manera que los diversos intentos de asesinato -por lo menos hay contabilizados tres anteriores antes del que finalmente terminó con la vida de Obregón- siempre fueron vistos como una posibilidad de poner fin al conflicto cristero.

Precisó la doctora López Menéndez, que el cristero no era un conflicto en el cual el Ejército atacara a los ciudadanos inocentes, sino que se trataba de una guerra civil pues los insurrectos arremetían contra las fuerzas federales y estas les respondían, aunque no necesariamente en ese orden, pero para todo fin práctico era una guerra y no la muerte de unos a manos de otros; sin embargo, la historiografía oficial lo ha conceptuado como tal.

La especialista consideró conveniente exponer el contexto de la muerte de Álvaro Obregón porque se produjo a manos de un católico, un militante de la Liga de la Defensa de la Libertad Religiosa, aunque no existe evidencia de que el asesinato haya sido concebido por esa organización; las investigaciones más aceptadas hasta ahora hablan de que José de León Toral fue un individuo que optó por esta vía al juzgar que Obregón era un tirano y que su deber como católico era matarlo. Existen muchas teorías de la conspiración, pero lo cierto es que el crimen fue precedido por una larga lista de intentos fallidos por acabar con la vida de Obregón a manos de miembros de la señalada Liga.

Protagonistas por parte del Estado eran por supuesto el presidente Calles y Álvaro Obregón, quien buscaba la reelección; ellos eran la cúspide de ese momento, los agraristas posicionados en contra de la elite católica que ellos percibían como contraria a los objetivos de la revolución y específicamente de la reforma agraria, también estaban algunos sectores obreros organizados integrados al PRN y a la CROM, así como sectores urbanos organizados en pequeños sindicatos aún no pertenecientes al gran grupo hegemónico que encabezaba Luis N. Morones, líder de la CROM entonces.

Pero también había una enorme cantidad de civiles no combatientes, quienes padecieron la peor situación porque no estaban en ninguno de los dos bandos y por tanto podían ser atacados por cualquiera de ellos, pues tenían muy pocas posibilidades de protegerse y fueron víctimas tanto de saqueos como de represalias de federales y cristeros por igual, puntualizó la conferenciante.

 

La facción cristera

En el lado opuesto estaba una figura notable, Enrique Gorostieta, el jefe castrense del ejército cristero, quien era un militar de carrera. Se había incorporado a la milicia hacia el final del porfiriato y luego colaboró con el régimen de Victoriano Huerta, no porque fuera huertista, sino que la situación institucional de las fuerzas armadas lo puso en ese lugar. En junio de 1927 la Liga entró en contacto con él para ofrecerle un contrato a fin de que liderara a los combatientes cristeros, con el argumento de que necesitaban un militar capacitado para enfrentar al ejército federal.

La doctora López Menéndez explicó que tanto la Liga como el episcopado fueron muy cuidadosos de no generar la idea de que era la Iglesia la que estaba en el centro de la batalla, por eso buscaron una persona no directamente vinculada con la institución, porque ésta no había tomado las armas. Aunque había algunos sacerdotes y obispos cercanos a las actividades militares, no era la Iglesia institucional la que peleaba, eran católicos que se sentían llamados a hacerlo por ella y defender sus derechos religiosos, sin embargo, no estaban vinculados de manera directa con el propio aparato eclesial.

Bastantes obispos ayudaron al esfuerzo bélico, muchas veces los sacerdotes y las órdenes religiosas realizaban trabajos de trasiego de armas y de vituallas para los militares, además de que tenían una red muy eficaz para la obtención de recursos, sobre todo con las organizaciones católicas estadounidenses, en particular los Caballeros de Colón que tuvieron un impacto fundamental tanto en el conflicto aportando capital para la Liga recolectado a través de sus contactos no solamente en Estados Unidos sino en buena parte de la Europa católica como España, Bélgica, ciertos sectores en Francia y por supuesto en Italia.

Señaló la doctora López Menéndez que Gorostieta al principio no estaba muy convencido de que ir a pelear por el catolicismo fuera una idea inteligente, pero la Liga le llegó al precio y después el contacto con sus huestes, en su mayoría campesinos y jornaleros agrícolas católicos, así como una pequeña parte de clase media urbana, lo hizo cambiar de opinión sobre la importancia y veracidad de la causa.

En agosto de 1928, poco después del asesinato de Álvaro Obregón, escribió un manifiesto a la nación en el cual exhortaba a los católicos mexicanos a seguir peleando; Gorostieta representa esa facción de los cristeros que continuó en la lucha armada y que se separó de los acuerdos a los que estaban llegando el episcopado y el gobierno, ellos fueron abandonados a su suerte por el episcopado en 1929 y murieron a manos de los militares, incluido Gorostieta.

El bando cristero reunía a muchas mujeres católicas, cuyo papel en la guerra y en la organización del catolicismo beligerante que implicaba tanto a los cristeros como al ala pacífica de la propia Liga, se ha estudiado sólo a partir de la última década, indicó la especialista. La Liga la integraban estudiantes y abogados urbanos, intelectuales católicos y miembros de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) que fueron un agente movilizador muy importante.

Los mártires de ambos lados y la polarización

 

Este conflicto produjo una serie de mártires como Miguel Agustín Pro, que no fue el único, pero sí el más famoso de la época y probablemente de todo el siglo XX. Fue relevante porque era un sacerdote jesuita ejecutado junto con otras tres personas acusado de haber cometido un atentado infructuoso contra Álvaro Obregón.

Están por otro lado figuras simbólicas de la lucha revolucionaria y posrevolucionaria consideradas como mártires de la revolución o agraristas; muchas personas que murieron en el contexto del conflicto cristero fueron consideradas como mártires por el gobierno de la revolución pues habían perdido la vida siendo atacados por los cristeros.

A juicio de la ponente, estos mártires nos hablan de la enorme polarización del conflicto y de lo importante que es tomar en cuenta a ambos grupos justo para entender lo que estaba ocurriendo en ese momento. Es necesario conocer ambas historias para entender por qué es un evento que sigue siéndonos tan difícil de abordar, por qué todavía existe tanta animadversión contra uno u otro bando, por qué resulta tan difícil cerrar las heridas, dijo la doctora López Menéndez. En gran medida se debe, entre otras razones, a que la sociedad sabe poco, entiende poco y sigue empeñada en sólo ver su lado del conflicto y no el contrario, por ello es relevante mostrar a los mártires para tener en cuenta que hubo muertes de ambos lados.

Ya para terminar, la ponente comentó que lo que nos plantea el conflicto cristero son formas distintas de entender al Estado Nacional y a la Nación Mexicana, que entran en un choque sumamente violento.

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