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Clase Turista

Leí con detenimiento cada línea, cada reflexión expuesta en su último artículo por Javier Coello Trejo, en una especie de descarga emocional de 77 años.

Un texto que resume su sentir y que lo hace a manera de despedida no del espacio informativo, sino de la vida. Es motivante, apasionado y abierto. Escribirlo ha de haber sido una tarea especialmente reflexiva.

Algunas veces lo entrevisté porque, incómodo para quienes impedían y obstaculizaban a la ley, operó casos muy delicados y mediáticos.

Desde su responsabilidad oficial aprehendió a funcionarios públicos y líderes sindicales, como Joaquín Hernández Galicia – La Quina- quien se presumía como el intocable líder petrolero más poderoso de finales del siglo XX.

De igual forma, como jefe Antidrogas, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, lograron la detención de importantes narcotraficantes como Miguel Ángel Félix Gallardo o el impactante asunto de Amado Carrillo Fuentes -El Señor de los Cielos-.

Coello fue un durísimo crítico a la Reforma Judicial de López Obrador y asumió una posición devastadora como también lo hizo Porfirio Muñoz Ledo antes de fallecer.

Dos párrafos rescate de la nota póstuma del abogado: “En este país se habla mucho de justicia, y se practica poco. Se presume la ley en discursos y se viola en los hechos; se glorifica al pueblo con palabras y se le abandona con acciones; se pronuncia “patria” mientras se le desgarra con corrupción, impunidad, miedo y odio… México no necesita más farsantes con micrófono, como tantos que hoy se refugian en el poder; México necesita hombres y mujeres con carácter; mexicanas y mexicanos que no se doblen, que no se vendan y que no confundan prudencia con cobardía”.  

Esto indica que en su despedida manifiesta estar herido por la situación que atraviesa el país y que anota en su libro El Fiscal de Hierro: «Desde un principio dejé en claro que nosotros representábamos la ley, nunca permití que nadie se nos subiera a las barbas. Dicen que fui un cabrón; me acusaron, me persiguieron y me difamaron. Todo lo hice porque siempre he creído en la ley y en la justicia, pero, sobre todo, porque amo a México».

Desde su barandilla compartió detalles de las investigaciones por el asesinato de Manuel Buendía y sin ningún temor y desmintiendo rumores señaló: «¡Nooo!! Manuel Bartlett lo mandó matar, él, es el autor intelectual» ¡Eso todo mundo lo sabe!!». Y mantuvo serias sospechas de un probable atentado para asesinar a Ignacio Morales Lechuga, entonces procurador de justicia del DF.

El gran Jorge Ortiz de Pinedo al enterase del fallecimiento de Coello Trejo manifestó. «Con profundo dolor me entero de la partida del licenciado Javier Coello Trejo. Querido amigo, Dios te tiene reservado un lugar muy especial a su lado. El país te debe mucho, y quienes tuvimos la fortuna de conocerte y vibrar con tu energía, nunca podremos olvidarte”.

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