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25 mayo,2026

The Boys… el espejo roto de la polarización

  • Por Glen Rodrigo Magaña / HOMO ESPACIOS

Clase Turista

The Boys pone frente a nosotros un gigantesco espejo satírico: el reflejo de una sociedad tan polarizada como impotente. Por un lado, retrata el adoctrinamiento político y corporativo que los líderes gubernamentales, en conjunto con la clase económica dominante y con apoyo de las fuerzas del bajo mundo, muestran ante el público para disfrazar el engaño con una fanática narrativa de valores sociales y hasta religiosos. En otro ángulo, nos muestra la debilidad humana con superpoderes: “Los Seven”, que actúan como si fueran los pecados capitales representados en una grotesca distopía salpicada de cruda realidad. El antihéroe, o el verdadero «héroe absurdo» que termina volviéndose loco ante tanto nihilismo, es una especie de Sísifo encolerizado, rebasado por el hartazgo impuesto por un sistema podrido y lleno de “storytelling”, que termina por explotar en una hostilidad tan extrema como la de sus opresores. Lo curioso es cómo la tinta anarquista del cómic dio vida a una exitosa franquicia de streaming que tal parece buscar lo opuesto a su entintado padre, aunque esto le cueste su superpoder. Tal como le suplicara Homelander al “Carnicero” Billy Butcher al final: “¡Por favor, no me mates, haré lo que sea!” …ustedes ya saben el resto.

En 2006, el guionista irlandés Garth Ennis y el ilustrador Darick Robertson publicaron bajo el sello Wildstorm de DC Comics una obra que mostraba la debilidad humana del superhéroe en una especie de distopía que reflejaba el cieno de la política, las grandes corporaciones y el adoctrinamiento populista y capitalista. Ennis estructuró a sus antagonistas no como semidioses trágicos, sino como productos sociópatas de un complejo militar-industrial, utilizando la escatología, el gore y la hipersexualización como herramientas de deconstrucción política. La incomodidad corporativa fue tan severa que DC canceló la publicación en el sexto número. Tras su rescate por Dynamite Entertainment, la obra alcanzó su forma definitiva a través de 72 volúmenes y tres miniseries indispensables —Herogasm (2009), The Highland Laddie (2010) y Butcher, Baker, Candlestickmaker (2011)—, culminando con una masacre de corte nihilista y cerrando finalmente su universo impreso en 2020 con el epílogo The Boys: Dear Becky. En el papel, el sistema caía por su propio peso de manera absoluta y sin concesiones de mercado.

La traslación de esta hostilidad literaria a la pantalla chica en 2019 por parte de Amazon Prime Video fue menos atrevida pero adaptada a la actualidad. Eric Kripke comprendió que el cinismo brutal de los años dos mil debía evolucionar hacia una sátira coyuntural de la era contemporánea. La violencia gráfica se mantuvo, pero el foco crítico viró hacia el «capitalismo arcoíris», la manipulación de algoritmos y el fanatismo político. El personaje de Homelander se erigió como un vehículo brillante para diseccionar el narcisismo autoritario, mientras Vought International operaba como un espejo de los conglomerados mediáticos. La ficción funcionó como un mecanismo de catarsis sociopolítica, pero su éxito sostenido sembró la semilla de su propia contradicción al exigir la creación de un universo expandido para alimentar el catálogo de la plataforma de streaming.

El verdadero terror de The Boys no radica en su ultraviolencia de ciencia ficción, sino en su perturbadora precisión como espejo de nuestra propia degradación sociopolítica. Mientras que el cómic de Garth Ennis funcionó como una brutal alegoría del complejo militar-industrial y la impunidad corporativa post-11 de septiembre, donde Vought encarnaba los peores excesos del contratismo bélico privado, la adaptación televisiva actualizó esta distopía para diseccionar nuestra contemporaneidad dominada por la posverdad. Escenas tan viscerales como los mítines populistas de Homelander, que capitalizan el resentimiento, la polarización y el supremacismo bajo un falso manto de patriotismo, o la cacería de «Starlighters» como crítica a las políticas migratorias actuales, trascienden la parodia para calcar la realidad. La franquicia nos obliga a enfrentar nuestro propio culto irracional a las figuras de poder, la manipulación mediática a través de redes sociales y la hegemonía de las megacorporaciones, demostrando que hoy en día los villanos más destructivos no disparan rayos láser por los ojos, sino que operan detrás de encuestas de popularidad y departamentos de políticas públicas.

Sin embargo, este nivel de agudeza sociopolítica y éxito rotundo exigió emular el modelo de negocios de la mismísima Vought International, intentando exprimir la franquicia al máximo. El primer gran tropiezo de esta maquinaria de expansión se oficializó en abril de 2026 con la cancelación de Gen V tras la emisión de apenas dos temporadas. Concebida originalmente para trasladar la mordacidad de la franquicia a los pasillos de la Universidad Godolkin y escudriñar el activismo performativo de la Generación Z, la producción no logró sostener su viabilidad operativa. Los altos costos de realización y una marcada caída en los índices de audiencia “dicen” que obligaron a Prime Video a detener el proyecto de tajo.

La tensión entre el mérito artístico y la conveniencia financiera alcanzó su punto de ebullición con el cierre de la serie matriz. A diferencia del cómic original, en el cual Billy Butcher asume las últimas consecuencias de su ideología exterminando a su propia célula operativa en un desenlace de desolación total, la adaptación televisiva optó por un camino más conservador e incluso, para los fans, hasta “cobarde”. La crítica cultural no tardó en señalar que la agudeza satírica se había diluido en una resolución calculada, diseñada más para asegurar el valor de las acciones de la marca que para honrar la crudeza que cimentó el prestigio del programa. Para muchos, principalmente los devotos de la obra gráfica, la última temporada y el final de The Boys fue, por decir lo menos… una basura.

Durante gran parte de su recorrido, la serie mantuvo un nivel de excelencia que le valió calificaciones consistentemente superiores al 80% en las principales plataformas de reseñas. Sin embargo, la quinta temporada expuso una grieta insalvable entre el establishment mediático y sus seguidores: mientras que la crítica especializada intentó proteger a la franquicia otorgándole un 97% de aprobación en Rotten Tomatoes, fue la audiencia quien dictó la verdadera sentencia. La valoración del público o “Popcornmeter” sufrió un desplome histórico, cayendo abruptamente a un mediocre 66%, cifra que resonó en Metacritic, donde más del 60% de las calificaciones de los usuarios resultaron contundentemente negativas, confirmando el repudio generalizado hacia un desenlace percibido como dócil y comercial.

Mientras el cómic funcionó como una visceral bomba molotov arrojada directamente contra la mitología superheroica, despidiéndose con un cierre de desolación absoluta donde Butcher aniquila a su propio equipo en estricta congruencia con su repudio al Compuesto V, la serie de Prime Video utilizó la hiperviolencia para elevar la premisa y convertirla en una sátira sobre el corporativismo y el fascismo populista de las élites gobernantes. Sin embargo, su éxito audiovisual firmó su propia condena argumental: al acobardarse en su desenlace y otorgar concesiones narrativas para salvaguardar la rentabilidad de sus protagonistas de cara a futuras precuelas y expansiones, la adaptación traicionó la crudeza antisistema de las viñetas. Demostró así la amarga ironía de que la producción terminó mutando, de forma irrevocable, en el mismo producto empaquetado, complaciente y corporativo que Vought International estaría orgulloso de vender.

Así es, en camino Prime Video prepara la precuela Vought Rising, que tiene proyectado su estreno en 2027, con Jensen Ackles y Aya Cash retomando sus roles para explorar los primeros crímenes vinculados al Compuesto V durante la década de 1950 bajo un formato de thriller de época. De forma paralela, la industria mantiene la atención sobre otro proyecto que se rumora en etapa de “desarrollo”: The Boys: México, a cargo del guionista Gareth Dunnet-Alcocer y con el respaldo en la producción ejecutiva de Gael García Bernal y Diego Luna, aunque hay pocos detalles sobre el elenco, los personajes o la fecha definitiva de rodaje. Algunos medios especializados comentan que se tiene contemplado su estreno hacia 2028. Ubicada cronológicamente tras los polarizantes eventos del final de The Boys, esta serie promete adaptar el humor ácido a las complejidades del contexto latinoamericano, al mismo tiempo que fungirá como refugio narrativo para los vestigios de Gen V. Queda por analizar si estas nuevas entregas lograrán recuperar la incisión crítica que las encumbró, o si terminarán por confirmar que el universo de The Boys se ha convertido en el mismo monstruo corporativo del que un día se burló, como diría el propio Billy Butcher: “Cruzaremos ese puente cuando lo quememos…”.

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