- Resalta las limitadas oportunidades de crecimiento
Clase Turista
En México, el emprendimiento juvenil no surge como una oportunidad planificada, sino como una respuesta a la necesidad. Desde edades tempranas, muchas juventudes comienzan a generar ingresos mientras combinan estudio, trabajo y responsabilidades de cuidado, sin acceso a herramientas que les permitan fortalecer o hacer crecer sus proyectos.
Así lo revela la investigación Trayectorias juveniles en México: oportunidades y barreras en la construcción de la autonomía económica, realizada en el marco del programa Emprende Joven México, de Plan International México en alianza con Scotiabank México, a través de ScotiaRISE, su iniciativa global de inversión social con la que destina más de CAD $500 millones hacia 2030, basada en tres pilares: educación, empleabilidad y cohesión social.
La investigación forma parte del programa Emprende Joven México, financiado por Scotiabank y Plan International Canadá, que impulsa acciones para fortalecer la autonomía económica juvenil y la resiliencia económica de las comunidades en las que el Banco tiene presencia.
Actualmente, Emprende Joven México ha impulsado 135 iniciativas de emprendimiento, de las cuales 30 ya han recibido capital semilla. El programa tiene presencia en 14 sedes de la Ciudad de México y el Estado de México, donde, en conjunto con aliados estratégicos, se amplían las oportunidades económicas de las juventudes.
“Con ScotiaRISE trabajamos juntos para eliminar barreras y transformar realidades, brindando herramientas, acompañamiento y acceso a oportunidades. A través del proyecto Emprende Joven México impulsamos alianzas para fortalecer la educación financiera de más de 225 jóvenes en el último año”, señaló Manuel Silva, Director de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de Scotiabank México.
El estudio muestra que el emprendimiento juvenil tiene antecedentes desde la infancia, a través de prácticas cotidianas en entornos escolares y comunitarios que se convierten en los primeros espacios para generar ingresos.
En México, las personas jóvenes representan el 23.3% de la población (más de 30 millones), según estimaciones basadas en datos del INEGI (2025). Sin embargo, para una proporción importante, la inserción económica ocurre en condiciones adversas: 58.8% de las juventudes ocupadas está en la informalidad y su tasa de desempleo (4.8%) casi duplica la media nacional (2.5%).
En este contexto, 46.3% de las juventudes participantes emprendió por necesidad económica, no por oportunidad, y 4 de cada 10 combina estudio, trabajo, emprendimiento y tareas de cuidado. Esto limita el tiempo y las posibilidades de crecimiento de sus iniciativas. “De repente falta mucho el dinero, entonces uno no puede pedir dinero a los papás; fue más que nada por eso que emprendí”, señala un joven emprendedor de 16 años.
Aunque más del 80% reporta mejoras en sus ingresos, solo 1 de cada 4 logra un cambio económico significativo, brecha vinculada a la falta de educación financiera y de herramientas para planear, ahorrar o reinvertir.
“En México, muchas juventudes comienzan a generar ingresos en contextos complejos y sin acceso a herramientas para tomar decisiones informadas sobre su dinero. Fortalecer la educación financiera es clave para que, en el momento en que se incorporen a la vida económica, cuenten con capacidades que les permitan construir trayectorias más sostenibles”, señaló Gonzalo Rivera, representante de país de Plan International México.
A estas condiciones se suman desigualdades estructurales que influyen directamente en las posibilidades de emprender. En el contexto actual, donde la discusión sobre el Sistema de Cuidados en la Ciudad de México ha cobrado relevancia, se evidencia que más del 75% de las labores de cuidado recaen en mujeres, según la consulta pública realizada por el Congreso local en 2026. Esta organización desigual del tiempo limita la continuidad educativa y las oportunidades económicas, por lo que el emprendimiento juvenil no puede entenderse como una elección individual, sino como una estrategia que se desarrolla en condiciones estructurales de desigualdad.
Los hallazgos apuntan a la necesidad de replantear las estrategias dirigidas a las juventudes desde tres dimensiones clave:
Fortalecer la educación financiera desde edades tempranas, vinculándola a contextos reales de generación de ingresos.
Reconocer la diversidad de trayectorias de emprendimiento, diferenciando entre iniciativas de subsistencia y aquellas con potencial de crecimiento.
Integrar habilidades para la vida, como la gestión del tiempo, la toma de decisiones y la adaptación en contextos de incertidumbre.
Como parte del lanzamiento de la investigación y en relación con sus hallazgos, se presenta una nueva plataforma digital que permitirá acceder a contenidos formativos en educación financiera y emprendimiento, conocer historias y trayectorias de jóvenes, consultar resultados del proyecto y facilitar la vinculación con organizaciones y nuevas juventudes.
Esta iniciativa forma parte de una apuesta por el empoderamiento económico juvenil, que articula educación financiera, desarrollo de habilidades para la vida y acompañamiento continuo, con el objetivo de fortalecer la capacidad de las juventudes para tomar decisiones económicas informadas y proyectar sus iniciativas en el tiempo. Los resultados de la investigación subrayan la importancia de generar condiciones más equitativas que permitan a las juventudes sostener y desarrollar sus proyectos más allá de la generación inmediata de ingresos, avanzando hacia un desarrollo económico más justo para las juventudes.

