- La erosión, el agua y el oleaje se encargan, con el paso del tiempo, de fragmentar y transportar estos materiales
Clase Turista
Gracias al fuego del volcán y la fuerza del Pacífico, Colima cuenta con un paisaje poco común: playas donde la arena deja los tonos dorados para teñirse de gris, café oscuro y negro.
El color de estas playas es resultado de una historia geológica que comenzó mucho antes de que existieran los destinos turísticos que hoy conocemos. Las costas colimenses reciben sedimentos provenientes de diferentes formaciones rocosas y, particularmente en la costa que va de Armería hacia el sur del estado, existe una importante presencia de materiales asociados con rocas volcánicas y calcáreas. La erosión, el agua y el oleaje se encargan, con el paso del tiempo, de fragmentar y transportar estos materiales hasta convertirlos en parte de la arena que cubre la costa.
En este paisaje también interviene la cercanía con uno de los grandes protagonistas naturales de Colima: el Volcán de Fuego. Las lluvias pueden movilizar materiales volcánicos desde las zonas altas a través de los cauces y, en el caso de la cuenca del Río Armería, estos sedimentos llegan hasta el Pacífico. El resultado es un paisaje sorprendente. La arena oscura crea un contraste interesante entre el azul del océano y del cielo y el verde de las palmeras. Al amanecer y, especialmente, durante el atardecer, sus tonalidades pueden adquirir matices que van del gris al negro y hacen que la línea de playa tenga una apariencia completamente distinta a la de los tradicionales litorales de arena clara.
Además de ser un gran atractivo visual, estas playas son una muestra de cómo la geología de Colima se convierte en parte del entorno. El volcán, las montañas, los ríos y el océano forman parte de un mismo proceso natural que puede apreciarse en algo tan cotidiano como caminar descalzo por la orilla.
Y aunque las playas de arena oscura existen en diferentes puntos del mundo, en Colima adquieren una personalidad propia: están acompañadas por cocoteros, comunidades pesqueras, gastronomía de mar, salinas, esteros y una costa donde la naturaleza sigue siendo protagonista.
Para conocer de cerca este fenómeno, Tecomán es uno de los mejores puntos de partida. Playas como El Real, Tecuanillo, Cuyutlán y Boca de Pascuales, son sitios donde se puede observar esta maravilla natural.
En el caso de Boca de Pascuales, la arena gris oscura acompaña a uno de los paisajes costeros más emblemáticos del estado, donde las olas son de gran tamaño y dan vida a deportes como el surf. En Cuyutlán, municipio de Armería, el visitante puede caminar por una extensa playa de arena casi negra y descubrir, además las tradicionales salinas de la región. También El Real y Tecuanillo, en Tecomán, forman parte de esta área donde la actividad volcánica de la zona se refleja en los tonos de la arena.
Así que la próxima vez que visites la costa de Colima, baja la mirada y descubre el legado que el volcán dejó a orillas del mar.

