- SECUELAS
- CARLOS RAMOS PADILLA
Red Financiera
Hay intentos por ocultar la realidad, la que molesta, la que no se adhiere a los discursos triunfalistas, esa realidad que se convierte en tragedia y que se niegan a resolver como los desaparecidos y asesinados.
No puedo decir que ganó la euforia mundialista, pero si el descuido social a temas prioritarios a cambio de una diversión. Importante si, pero pasajera.
Este jueves en las calles de la CDMX se registraron hechos que los medios masivos decidieron silenciar.
Las más importantes cadenas televisivas festejaban al Mundial, a la fiesta, e intentaban presionar a la emoción reprimida para que el partido de fútbol sirviera como válvula de escape y en parte así ocurrió.
De manera irrespetuosa los aficionados en el AZTECA pretendieron ganar abucheando al seleccionado de Sudáfrica. Pésima imagen de un público que no sabe entender el nivel y talento de quienes estaban en la cancha en representación de otra nación.
Pero las televisoras mantuvieron una cobertura que borró todas las protestas, manifestaciones sociales y las denuncias ciudadanas.
Resultaba más importante las frágiles entrevistas en la explanada del estadio para pronosticar un marcador que escuchar las voces de las madres abandonadas en busca de sus hijos desaparecidos.
Filas enteras de personas interesadas en llenar el zócalo que no actúan así cuando se trata de exigir un freno a la corrupción y a la violencia.
Las transmisiones omitieron intencionalmente la enorme división social de aquellos que sufren con quienes participaron de los abusos de la FIFA para convertir al fútbol en un espectáculo de élite. Durísimos contrastes que no aparecieron “a cuadro”.
Cierto que este catalizador, el Mundial, además de distraer puede aliviar la tensión y estrés social acumulado por años.
Pero el bloqueo de los accesos más cercanos al AZTECA fueron repelidos con golpes y gases. Adentro los cánticos de “cielito lindo”. Mes y medio de la orgia futbolística pero la cruda a partir de agosto nos azotara nuevamente con nuestra realidad.