- Casi 80% de los tomadores de decisión tiene escasa o nula confianza en que la corrupción disminuya en los próximos tres años: Vestiga Consultores
Clase Turista
El 90% de las empresas en México percibe que la corrupción –entendida como la solicitud de sobornos o «comisiones» por parte de funcionarios gubernamentales de cualquier nivel– las afecta en forma significativa.
De acuerdo con Vestiga Consutores, firma mexicana de consultoría en manejo de riesgos, seguridad corporativa, investigaciones y ciberseguridad, son las empresas pequeñas las que reportan en mayor proporción haber padecido corrupción directamente: una de cada dos durante los últimos dos años.
En la más reciente entrega de su Monitoreo de Percepciones Empresariales, la empresa de consultoría detalla que el 90 % de las empresas en México considera que la corrupción ha disminuido «poco» o «nada» o incluso ha aumentado desde el inicio de la actual administración.

Se agrega que sólo un 10% de empresas consultadas estima que ha habido «algo» o «mucha» disminución.
Este útimo dato convive con otro igualmente contundente: 74 % de las empresas percibe la corrupción como algo que las afecta «mucho» o «algo» en su operación cotidiana.
Al respecto, Sergio Díaz, socio director de Vestiga, señaló: «más allá del discurso oficial de la actual administración e incluso de las medidas que al respecto haya anunciado, lo cierto es que en las empresas que operan en el país no se está percibiendo una disminución de las prácticas de corrupción por parte de las autoridades».
Y precisa: «El campeonato se lo llevan las del nivel municipal y eso es delicado porque, como sucede con la ciudadanía en general, son las autoridades municipales las que tienen no sólo el primer contacto del Estado con las empresas, sino el mayor flujo de interacción para resolver problemas cotidianos».
Pese a esta percepción negativa, el monitoreo revela un dato que llama especialmente la atención: casi 90% de los tomadores de decisión considera que la corrupción influirá «poco» o «nada» en sus decisiones de inversión durante los próximos doce meses, incluso cuando casi 80% tiene «poca» o «nula» confianza en que el fenómeno mejore en los próximos tres años. Una señal clara de que las empresas han optado por asumir la corrupción como una variable del entorno, no como un factor determinante.
«No podemos considerarlo como una normalidad», advirtió Díaz. «La corrupción es una variable que se torna en un elemento distorsionador contra la competitividad, calidad y rentabilidad en el desempeño de las empresas y, a la larga, también afecta al conjunto de la economía nacional. No pueden ni las empresas ni el gobierno aceptar que la corrupción sea el statu quo. Mucho camino hay por delante para reducir, en serio y sin retórica, este grave flagelo».

