- Sin embargo, hay pendientes como el fortalecimiento del mercado interno, mejores condiciones la inversión y más empleo formal
- Por Gerardo Flores Ledesma
Red Financiera
El sector privado externó su júbilo porque la economía del país muestra un mayor dinamismo en la segunda mitad de 2026, con una revisión al alza del pronóstico de crecimiento económico a 2.0%, pero destacó que el principal desafío es lograr que este mayor dinamismo se traduzca en un fortalecimiento del mercado interno, con mejores condiciones para la inversión, la actividad empresarial y la generación de empleos formales.
El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) señaló que el mayor dinamismo de la actividad económica contrasta con la evolución reciente del consumo privado.
En su más reciente análisis señala que “esta divergencia entre el crecimiento de la producción y el gasto de los hogares plantea interrogantes sobre la solidez de la recuperación económica y los factores que podrían estar limitando el fortalecimiento del mercado interno”.
El CEESP resalta que los resultados recientes de la actividad productiva confirman un desempeño económico más favorable de lo previsto inicialmente y que el mayor dinamismo de las manufacturas y las exportaciones constituye una señal positiva, aunque será importante evaluar la contribución de la inversión pública y privada para determinar qué tan sólida y sostenible puede resultar esta recuperación.
Para el organismo empresarial es vital avanzar hacia tasas de crecimiento económico superiores a 3.5% anual, que permitan ampliar las oportunidades de desarrollo y elevar el bienestar de la población. Para lograrlo, será necesario fortalecer las condiciones que favorezcan la inversión productiva, incrementen la productividad y estimulen el consumo de los hogares, de manera que la recuperación económica pueda consolidarse y sostenerse en el mediano y largo plazos.
PERSISTEN SEÑALES DE DEBILIDAD
El CEESP precisa la actividad económica registró un crecimiento anual de 3.2% en el tercer trimestre, resultado que refuerza las señales de recuperación observadas desde el trimestre anterior. Este desempeño más favorable ha contribuido a una revisión al alza en las expectativas de crecimiento para el cierre del año, que pasaron de 1.4% a 2.0%.
Agrega que “la mejoría de la actividad productiva comenzó a manifestarse en el segundo trimestre, cuando el PIB aumentó 1.4% respecto al trimestre previo y 1.9% en su comparación anual. Esta tendencia se fortaleció durante el tercer trimestre, con una expansión generalizada de los principales sectores económicos. En términos anuales, las actividades primarias crecieron 1.8%, las secundarias 3.1% y las terciarias 3.3%, lo que refleja una recuperación más amplia de la producción nacional”.
Sin embargo, el CEESP subraya que el mayor dinamismo de la actividad económica contrasta con la evolución reciente del consumo privado, uno de los principales componentes de la demanda interna. Durante los primeros meses de 2026, el gasto de los hogares mostró tasas de crecimiento anual superiores a las de la actividad económica, pero posteriormente comenzó a perder impulso. En julio, el consumo privado registró una variación mensual nula (0.0%), lo que evidencia un estancamiento respecto al mes anterior.
Las estimaciones oportunas del INEGI apuntan a que el consumo privado mantuvo un crecimiento anual positivo, aunque moderado, de 0.9% en agosto y 0.6% en septiembre. Si bien estos resultados sugieren una desaceleración, todavía es prematuro determinar si se trata de un comportamiento transitorio o de una tendencia más persistente.
Esta divergencia entre el crecimiento de la producción y el gasto de los hogares plantea interrogantes sobre la solidez de la recuperación económica y los factores que podrían estar limitando el fortalecimiento del mercado interno. Entre ellos destacan la evolución del empleo formal, las condiciones de los ingresos laborales y la confianza de los consumidores.
El CEESP explica que “una primera señal de preocupación proviene del tejido empresarial formal. El número de patrones registrados ante el IMSS mantiene una trayectoria descendente y, en septiembre, presentó una disminución anual cercana a 3%, equivalente, según las cifras consideradas, a la pérdida de 2,478 registros patronales. En lo que va del año, la reducción acumulada supera los 17,300 registros, lo que evidencia dificultades para sostener y ampliar la base de empleadores formales”.
Y aclara: “A este comportamiento se suma el debilitamiento de algunos indicadores laborales. En septiembre se registraron aproximadamente 718 mil puestos de trabajo menos que en agosto, de acuerdo con las cifras utilizadas en este análisis. Aunque esta reducción no puede atribuirse directamente a la disminución de registros patronales, ambos indicadores apuntan a condiciones menos favorables para la generación y sostenimiento del empleo”.
Se añade que las remuneraciones reales mantuvieron un crecimiento positivo durante la primera mitad de 2026, pero con diferencias importantes entre trabajadores formales e informales. Mientras el ingreso promedio de los ocupados formales moderó su ritmo de expansión, el de los informales registró un mayor dinamismo.
Se hace hincapié en que el incremento de la ocupación se concentró principalmente en actividades informales, cuyos niveles de ingreso son considerablemente inferiores a los del empleo formal y que esta composición del mercado laboral puede limitar el crecimiento del ingreso laboral agregado de los hogares y, en consecuencia, restringir su capacidad de consumo, incluso en un entorno de mejoría de las remuneraciones reales.
Otro factor relevante es la confianza del consumidor, que ha mostrado una trayectoria descendente desde 2025, pese a algunos repuntes durante el tercer trimestre de 2026, lo que puede propiciar decisiones de gasto más cautelosas, especialmente en la adquisición de bienes duraderos, más presiones inflacionarias sobre determinados bienes y servicios de consumo frecuente, que podrían reducir el margen disponible para otros gastos y contribuir a explicar la moderación reciente del consumo privado.
En conjunto, estos factores sugieren que el crecimiento de los ingresos laborales reales, aunque favorable, no necesariamente se está traduciendo en una expansión equivalente del gasto de los hogares. La debilidad en la generación de empleo formal, la persistencia de presiones sobre el presupuesto familiar y la ausencia de una mejoría sostenida en la confianza podrían limitar la recuperación del consumo privado hacia el cierre de 2026.

