- La marca ha sabido convertirse en un poderoso motor económico, turístico y de exportación internacional
- Por Alejandra Pérez Bernal
Clase Turista
Jalisco no solo produce tequila: lo transforma en una experiencia turística, sensorial y de lujo. Así lo demuestra Hacienda La Cofradía, una de las casas tequileras que ha sabido convertir su tradición en un poderoso motor económico, turístico y de exportación internacional.
Durante el Tianguis Turístico 2026, Carlos Hernández Ramos , Director general de la firma, dejó claro que La Cofradía va mucho más allá de la producción de destilados. Su complejo en Tequila, Jalisco, se ha consolidado como un destino integral donde convergen recorridos por destilería, catas especializadas, gastronomía de alto nivel y el singular Matices Hotel de Barricas, un concepto que permite a los visitantes hospedarse literalmente dentro de barricas gigantes.
En entrevista con Clase Turista, Hernándes Ramos nos comenta que con 45 habitaciones y nuevas apuestas como su innovadora alberca para adultos, el proyecto refuerza la visión de que el tequila no solo se bebe: se vive.
Pero detrás del atractivo turístico hay una operación global de gran escala. La empresa exporta el 98% de su producción a 34 países, con Europa y Asia como mercados estratégicos, mientras que México representa apenas una fracción de sus ventas. Esto confirma que el tequila sigue siendo uno de los productos insignia de exportación nacional, con más de 400 millones de litros comercializados a nivel mundial.
La clave del éxito de La Cofradía ha sido apostar por la diferenciación: botellas de cerámica pintadas a mano, líneas de diseño icónicas como Catrina, y procesos de añejamiento en barricas de cherry, coñac y maderas francesas que elevan el perfil del producto hacia consumidores premium.
Más que vender tequila, La Cofradía vende identidad mexicana, sofisticación y experiencia.
En un mercado cada vez más competitivo, la empresa jalisciense demuestra que la combinación entre tradición, innovación y turismo de alto valor puede posicionar al tequila no solo como bebida nacional, sino como símbolo de lujo mexicano en el escenario global.

