La costumbre del poder

  • El presente es nuestro, el futuro no lo disfrutaremos o padeceremos
  • Por Gregorio Ortega Molina

 

Clase Turista

*Mientras no los obliguemos a reformar el esquemita político con el que nos ningunean y mangonean, perderemos el control cotidiano de nuestro propio presente, principio único de libertad

Ni duda cabe. Somos persistentes en eso de permitir que los políticos, los dueños del dinero, los barones del narco, los líderes de toda laya hagan con nuestras libertades y voluntad lo que quieran. Los dejamos mangonearnos.

¿De dónde la aceptación de que nos vendan el futuro, como si fueran deidades o profetas capaces de saber el mañana y construir el año venidero? Nosotros, pero sobre todo los que mangonean, saben a ciencia y paciencia que únicamente el presente es nuestro. Nuestro cometido es dar a las futuras generaciones la oportunidad de vivir su propio presente, y no en la ensoñación de un futuro que se aleja, en la medida que quitamos hojas del calendario.

Las zarandajas de la mal llamada 4T deben terminar. Esa estupidez de sembrando vida es una entelequia. ¿Qué tienen hoy esos jóvenes para vivir su presente sin esperar que les depositen su lanita, producto de recursos fiscales de los que sí hemos trabajado? ¿Dónde están esas herramientas proporcionadas por el mandato constitucional en el artículo tercero? ¿Dónde la igualdad de oportunidades para competir por la dignidad para vivir? ¿Dónde la seguridad pública para evitar la tentación de ser halcones, o sicarios?

Sexenio tras sexenio nos hemos dejado engañar por esa añagaza de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, con el cuento de que todo cambia y todo permanece igual, o peor. Algo se mueve en lo interno, cuando en el contexto internacional modifican la manera de hacer dinero, estrictamente para conservar los controles políticos sobre las sociedades. El libre comercio y la globalización se modificarán cuando así lo exijan los requerimientos de geo seguridad regional y seguridad interna de las naciones donde viven los que mandan. El proyecto es la mano de obra barata y países enteros secuestrados económicamente para transformarlos de acuerdo a esas necesidades nacionales o regionales. En este esquema y con el apoyo de la 4T, México va que vuela a convertirse en una sociedad de servicios, y de desahogo de contaminantes que sobran, como el combustóleo y los otros combustibles fósiles para mover el transporte. Ni siquiera la desaparición del glaciar de la Mujer Dormida conmovió la inmarcesible voluntad de colaboracionista -¿voluntario? ¿inadvertido?- de Andrés Manuel López Obrador.

La tontería esa de sembrando vida no debe engañarnos, porque únicamente cultivan su permanencia en el poder. Nuestra obsesión debe ser, hoy, preguntarnos si tendremos las herramienta adecuadas para que aquellos postrados por la pobreza alimentaria o laboral se recuperen, para que las fuentes de trabajo perdidas durante los últimos 14 meses, revivan. Insisto, lo nuestro es el hoy, el presente, sólo así podremos ver a las nuevas generaciones de frente y a los ojos.

Mientras no los obliguemos a reformar el esquemita político con el que nos ningunean y mangonean, perderemos el control cotidiano de nuestro propio presente, principio único de libertad.

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