Es la estrategia...

  • ¿A qué va cada partido a esta elección?
  • Por Rodrigo López San Martín

 

Clase Turista

Este viernes 5 de marzo, con los arranques de campaña a las gubernaturas en Colima, Guerrero, Nuevo León, San Luis Potosí y Sonora, se da el banderazo de salida formal a los tiempos electorales en nuestro país.

 

 

Lo que estará en disputa el próximo 6 de junio serán 15 gobiernos estatales, cientos de Presidencias Municipales, Congresos Locales, y los 500 espacios en la Cámara de Diputados.

 

Para cada partido político los objetivos son distintos; y dentro de la realidad de cada uno, puede adelantarse escenarios exitosos o de fracaso.

 

 

Para Morena y para el presidente Andrés Manuel, sin duda, la prioridad está en la mayoría en la Cámara de Diputados. La gobernabilidad que requiere un proyecto como el de AMLO pasa, necesariamente, por una mayoría cómoda en el Congreso que pueda seguir dando respaldo ciego a su líder.

 

La pérdida de la mayoría en el Congreso obligaría al obradorismo a hacer mucho más política de lo que se sienten cómodos. A negociar para sacar adelante sus prioridades. A ceder a sus adversarios. O al menos, a alguno de ellos.

 

En cuanto a gubernaturas, el escenario es muy favorable. Porque dentro de las 15 en disputa, sólo son gobierno actualmente en Baja California. Es decir, tienen todo que ganar y casi nada que perder.

 

Una buena jornada para Morena terminaría en hasta 12 gubernaturas ganadas y la reafirmación de su mayoría en la Cámara de Diputados. Un mal domingo 6 de junio, terminaría en al menos 8 gubernaturas y no alcanzar esa mayoría.

 

 

En el PAN, su dirigente, Marko Cortez apostó todo su capital a una alianza con su enemigo histórico, el PRI. Irán juntos en 159 de los 300 distritos federales y en la mayoría de las gubernaturas en disputa.

 

Un saldo positivo para el PAN sería rebasar los 100 diputados, y alzarse con el triunfo en al menos 4 gubernaturas, solos o donde ellos encabezan la alianza. Al día hoy, parece que Querétaro está en sus manos y los demás estados con posibilidades son San Luis Potosí, Chihuahua y Baja California Sur. No parece haber posibilidad de más. La mala selección de candidato parece haberlos marginado de la competencia en Nuevo León. Un mal resultado sería quedarse corto a esos 100 diputados y salir con una o dos gubernaturas.

 

Para el PRI el panorama puede leerse desde diferentes perspectivas. Podría pensarse que es el que más tiene que perder, porque la mayoría de los estados en disputa son gobernados actualmente por ellos. Pero si el punto de partida es el catastrófico resultado de 2018, el PRI podría terminar este periodo electoral anunciando una resurrección.

 

En la alianza con el PAN, el PRI sin duda es el gran ganador. No sólo porque potencia sus posibilidades en los distritos donde encabezará la alianza, sino porque, sea cuál sea el número de curules que consiga, estará empoderado hacia la segunda mitad del sexenio.

 

El PRI será la bisagra que le permita a AMLO y Morena construir una mayoría calificada (dos terceras partes del Congreso) para aprobar cambios constituciones, o que le permita al PAN evitarlos. Venderán caro su amor.

 

En cuanto a gubernaturas, el PRI arranca enfocado en Nuevo León y Campeche. Y con menores posibilidades en Sonora. Parece poco para lo que gobiernan hoy, pero es mucho para lo que era su escenario hace sólo unos meses.

 

Para el PRD el objetivo es la supervivencia. Para Movimiento Ciudadano, ganar algunas alcaldías importantes como Monterrey y refrendar su fuerza en Jalisco. Pero la decisión de ir solos, sin alianzas, para diferenciar su marca a mediano y largo plazo, parece acertada.

 

Los partidos menores y de reciente creación, juegan a sumarse a los grandes, apostando a que sus legisladores plurinominales terminen cobrando relevancia en el juego de números para construir mayorías en favor o en contra del presidente en el Congreso de la Unión