Textos en libertad

  • Los restos de sor Juana y el caso del medallón
  • Por José Antonio Aspiros Villagómez

 

Clase Turista

(Tercera de cinco partes)

“Un día -expuso el tecleador en su trabajo para los alumnos del diplomado universitario de investigación sobre robos de arte en México- después de visitar el Templo Mayor, los reporteros nos trasladamos al ex convento de San Jerónimo (Izazaga 92).

“Allí, en conferencia de prensa, el 24 de noviembre de 1978 la señora Margarita López Portillo, hermana del presidente, anunció que en la víspera habían sido coronados los trabajos hechos en silencio durante 18 años para la restauración del convento, con el hallazgo de los restos de la poeta novohispana Juana de Asbaje. O sor Juana Inés de la Cruz.

“Ahora que tantas fosas clandestinas han aparecido en México, todos sabemos lo laborioso que es identificar los restos exhumados, y eso que se trata de fallecimientos relativamente recientes.

“De manera que el presunto cuerpo de sor Juana, encontrado a tres siglos de su inhumación junto con varios más en el subsuelo del coro bajo del convento, necesitaba ser sometido a trabajos de tipo forense y otros estudios científicos para confirmar su autenticidad, pero si lo decía la poderosa hermana del presidente, nadie lo cuestionaba.

“Claro que, en esa ocasión, la señora fue cauta y afirmó que había entre 80 y 90 por ciento de posibilidades de autenticidad, pero dio tantos datos sobre el ataúd distinto a los demás, el hecho de que fuera el único cuerpo con medallón en el pecho, de entre los restos de 26 de religiosas que aparecieron en la búsqueda, y otros elementos de juicio parecidos, que a ella no le quedó duda sobre la autenticidad.

“Ese día, después del anuncio la señora López Portillo mostró los huesos ya color ébano de la monja (igual que el color de su caja, distinta a las demás), pero sólo a quienes sus guardaespaldas lo permitieron. A muchos de los asistentes, esos esbirros nos impidieron con empujones y golpes, avanzar junto con el grupo que rodeaba a la señora, en el camino hacia el lugar del hallazgo.

“El inmueble tuvo diversos dueños tras el abandono del convento debido a las Leyes de Reforma, pero en 1971 lo rescató el gobierno y desde entonces es propiedad de la Nación, pese a lo cual y gracias a un decreto presidencial -de José López Portillo, por supuesto, en 1976- allí funciona una universidad privada y, dentro de ella, un museo de sitio cuya pieza más importante son los supuestos restos de la monja.

“La nota que escribí sobre el descubrimiento, dice en su último párrafo que ‘extraoficialmente, Notimex supo que la búsqueda de los restos de sor Juana iba a ser suspendida este mes y su hallazgo fue fortuito’. No puse mi fuente, porque muchas veces los reporteros conocemos noticias de parte de personas dignas de crédito, pero que no quieren ser identificadas. En esos casos, uno asume la responsabilidad sobre la veracidad de la información, pero no es lo común. Lo normal es citar siempre las fuentes.

“El 7 de junio de 1979, apenas medio año después del anuncio, el jefe de antropología física del INAH, Arturo Romano Pacheco, aseguró en conferencia de prensa que, luego de ‘minuciosas investigaciones antropológicas’, se pudo comprobar la autenticidad de los restos de sor Juana.

“En diciembre de 1989 -ya en el sexenio de Salinas- fue denunciado el robo del acta bautismal de sor Juana y hasta circuló la versión de que la iban a subastar en una galería de arte de Nueva York, pero nada de eso me tocó reportear, ni supe si se encontró, primero porque fue en Toluca y en todo caso lo atendió el corresponsal, y segundo porque ya tenía yo otras funciones y no reporteaba. La monja fue bautizada como ‘hija de la Iglesia’, es decir, hija de madre soltera y padre desconocido.

“La señora López Portillo guardó en su casa el medallón encontrado sobre los restos de la monja, y muchos años después, en 1995, lo entregó no al INAH, sino al Museo ‘Sentimientos de la Nación’, del Palacio Legislativo. Cuando ese objeto apareció, ya la imagen, al parecer de la Asunción, había sido borrada por el tiempo.

“Me llamó la atención que la señora López Portillo la hubiera tenido en su casa durante ocho años, porque desde el día que la encontraron debió entregarla a la nación.

“Los reporteros le preguntaron por qué estaba en su poder el medallón, y dijo que por seguridad, pues estaban arreglando el claustro, pero también declaró: ‘estas cosas son propiedad mía, yo las pagué, pero hubo cosas un poco difíciles y prefiero no hablar de ellas’. A insistencia de los entrevistadores, finalmente aceptó que el medallón era del pueblo, al que se lo entregaba con su ‘mayor emoción y respeto’.

“Esto lo leí en El Universal del 15 de noviembre de 1995. Ese periódico dio seguimiento al tema y al día siguiente publicó una entrevista con la sobrina de Margarita, Carmen Beatriz López Portillo Romano, ya para entonces presidenta de la Universidad del Claustro, quien dijo que el medallón nunca debió salir de allí, y pediría al Congreso que se lo devolviera. La última información que tengo es de hace tres o cuatro años, cuando la reliquia seguía custodiada por el Congreso, no por el Claustro.

“Doña Margarita también habló de otros objetos encontrados en ese inmueble, que seguramente ya se exhiben en el museo de sitio. No se sabe que haya existido allí saqueo alguno; no hay noticias al menos.

“Pero mientras en el Claustro están los que pudieran ser los restos de sor Juana, en el museo del Templo Mayor no están los de Cuauhtémoc, que en cambio fueron encontrados en 1949 en Ixcateopan, Gurrero, también dentro de una iglesia como los de sor Juana, por la antropóloga Eulalia Guzmán. Y allí siguen, en una tumba con lápida de cristal, y son venerados por grupos indígenas a pesar de que, luego de varios análisis, los investigadores rechazaron su autenticidad.

“Aun así, supe (otra vez fuentes verosímiles, pero reacias a ser identificadas) que, siendo presidente, Luis Echeverría fue algunas noches a Ixcateopan, y permaneció en silenciosa meditación ante los restos del gobernante azteca.

(Continuará. La segunda parte se tituló “La polémica que ganó Jorge Alberto Manrique”)