Las mujeres lucharon por convencimiento en la Revolución mexicana

  • Por Norma L. Vázquez Alanís

 

Clase Turista

(Segunda de dos partes)

La doctora en Historia Karla Espinoza Motte, quien participó en el conversatorio Mujeres en la Revolución, convocado por la Academia Nacional de Historia y Geografía (ANHG), con el trabajo Mujeres revolucionarias, la otra emancipación, expuso que bajo la premisa de que cada una es un proceso en sí misma, se puede asegurar que no hay un bloque homogéneo de ellas en ningún periodo de la existencia de México.

La Revolución demostró que no había un México, sino muchos. Se habla de las Adelitas o las soldaderas, pero, por ejemplo, Hermila Galindo comenzó a trabajar en las altas esferas políticas, fue enviada por Venustiano Carranza, de quien era secretaria particular, a Cuba y Colombia para pronunciar discursos y su participación en la vida pública fue más allá de su papel de secretaria.

En el primer congreso feminista en Yucatán, Galindo asistió como enviada de Carranza, pero las organizadoras no consideraron propio su discurso y fue un representante del gobernador quien se puso de pie y leyó el discurso preparado por ella con temas de la sexualidad de la mujer, lo que escandalizó a las yucatecas.

Explicó Espinoza Motte que el objetivo de Galindo al hablar de la sexualidad femenina era concientizarlas sobre la necesidad de tener una educación sexual para hacerlas libres. Ella envió al Congreso Constituyente de 1917 una propuesta para conceder el voto a la mujer y reconocerle plenos derechos, lo que no se hizo realidad hasta 1953 cuando Aurora Jiménez de Palacios se convirtió en la primera diputada federal en México, por el estado de Baja California.

Sin embargo, Adelina Zendejas -maestra, periodista, activista y una de las primeras investigadoras que rescataron el papel de las mujeres en la historia- consideraba que el voto no resolvería la situación femenina. La voluntad de los hombres no estuvo del lado de las damas en las reivindicaciones de sus plenos derechos.

Otra destacada revolucionaria fue Amelio Robles quien cambió su identidad de mujer a hombre para participar en la lucha armada y llegó a ser coronela, se le respetaron sus derechos como hombre y le dieron la pensión de veterano de la Revolución, remató Espinoza Motte.

En el conversatorio, coordinado por Beatriz Saavedra Gastélum, directora del Centro de Estudios sobre la Mujer de la ANHG, participó también la abogada y maestra en Filosofía del Derecho por la UNAM Lourdes Enríquez Rosas, quien expuso la importancia que tuvieron las señoras en el movimiento revolucionario; la sobrevivencia de los combatientes se debió a la presencia de ellas en el campo de batalla, pues fueron enfermeras, cocineras, correos y compañeras sexuales de la tropa.

La presencia de las mujeres en la Revolución fue muy significativa, especialmente la participación de las maestras normalistas que hablaban ya del derecho a la educación y a la participación política femenina; ellas colaboraron en la elaboración de estrategias de ataque y en la redacción de planes o pactos militares.

Una maestra normalista, Dolores Jiménez y Muro, se convirtió en la primera generala en la historia de la Revolución mexicana, era una gran estratega y consideraba necesaria la liberación femenina, además de que pugnaba por la aceptación social de ser una mujer sola, es decir, sin marido.

Destacó la maestra Enríquez que el movimiento zapatista fue el que más tomo en cuenta la opinión de las mujeres en el desarrollo de sus batallas.

Sin embargo, la Revolución no les hizo justicia con reconocerles sus derechos políticos y de ciudadanía, además de que les negó la soberanía sobre su sexualidad, porque la división sexual del trabajo y los mandatos de género se hicieron evidentes en el movimiento revolucionario; aun así, estas mujeres rompieron estereotipos y el orden establecido.

Por último, la historiadora reiteró la necesidad de hacer un archivo testimonial del movimiento revolucionario.

Cerró el conversatorio el historiador y cronista de Querétaro Eduardo Rabell, quien hizo un recuento de las mujeres sobresalientes en la Revolución Mexicana, entre ellas Carmen Serdán, Elisa Acuña y Carmen Alatriste, que no estuvieron en el campo de batalla, pero participaron en otras tareas importantes.

Mencionó también a las que intervinieron activamente en la lucha como Adela Velarde Pérez y Valentina Ramírez, quienes inspiraron los corridos de La Adelita y La Valentina, Clara de la Rocha, Petra Herrera, que formó su ejército de mujeres, Angela Jiménez, a la que se le concedió el grado de teniente por ser experta en explosivos, y Rosa Bobadilla.     

Las mujeres lucharon porque creyeron en la causa, finalizó Rabell, para quien las revolucionarias le dieron vida al movimiento.