Singladura

  • Corte y fuera
  • Por Roberto Cienfuegos

 

Clase Turista

¡Híjole! Inicio estas líneas con la evocación de una frase de antología o para el anecdotario nacional. “Ya me cansé”. Claro que la recuerda. La dijo el entonces procurador general de justicia, y ex gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, el viernes 7 de noviembre de 2014, unos meses después de la desaparición de los 43 muchachos de Ayotzinapa.

¿Por qué traigo a cuento la frase de Murillo Karam? Es porque ahora lo comprendo mejor. Dijo entonces que sumaba 40 horas sin dormir y un mes durmiendo un promedio diario de cuatro horas. Argumentó entonces su condición humana en descargo de la declaración que se convirtió en tendencia mundial. Muchos se le fueron encima en medio de un clima social de indignación y aún repugnancia por la desaparición de los muchachos de la universidad Isidro Burgos.

Bueno. Hasta allí. Voy a parafrasear a don Jesús Murillo. Es decir, “ya me cansé” de ver lo mismo en siete meses de la 4T. Apuntaré sólo unos cuantos puntos porque “ya me cansé” de observarlos. El país está dividido como nunca, al menos en las últimas décadas. Hay cada vez más personas decepcionadas y otras arrepentidas. La inseguridad pública y el crimen no ceden. La Guardia Nacional, el cuerpo que todos estábamos esperando para contrarrestar al menos en parte el fenómeno de la violencia, nació fracturado. La economía está semiparalizada. El recelo de inversionistas es creciente. Los espacios físicos vacíos y el despilfarro de instalaciones en muchas dependencias del gobierno federal se multiplican. Pero aún hay más.

Hay incertidumbre nacional y el ambiente y convivencia de muchos núcleos familiares del país se torna tenso, preocupante, angustiante incluso. Mucha gente teme ir a los  hospitales públicos porque cree que no habrá atención médica ni fármacos. Los principales programas de infraestructura están demorados o enfrentan obstáculos de carácter técnico y/o legal. Hay centenares de despidos y liquidaciones a medias o condicionadas. Muchas amas de casa se quejan de carestía e insuficiencia de sus presupuestos para garantizar la comida de sus familias e hijos. Escucho demasiado escepticismo en el mundo empresarial, lo mismo que en sectores de emprendurismo. Muchos estudiantes jóvenes expresan inquietudes sobre su futuro y expectativas. Pero hay más todavía.

Hay un silencio ensordecedor entre muchas personas que callan lo que sienten y/o piensan por temor a represalias. Se constatan descalificaciones continuas de flamantes “servidores públicos” a sus subalternos. Hay desprecio y apabullamiento. Numerosos medios de comunicación están en la indigencia y hay casos incluso en que han tenido que empeñar bienes de trabajo para acercar partes mínimas del pago a empleados y colaboradores. Mucha gente, especialmente en la superviviente clase media, está sufriendo para completar su gasto diario, semanal, quincenal o mensual. Se acumulan deudas y temores. Quienes buscan empleo no encuentran y he escuchado comentarios de que no serán contratados quienes hayan trabajado en la administración pública del país bajo los gobiernos del PRI o del PAN. A muchos periodistas se les está estigmatizando y, peor aún, desempleando. Se está castigando el empleo y el salario. En pocas palabras, hay desconcierto, incertidumbre y un enorme signo de interrogación como telón de fondo nacional. El caso de Jaime Bonilla en Baja California aviva demasiados temores porque algo como eso se creía imposible en México hasta hace poco tiempo. ¿Qué va a pasar? Es la gran pregunta nacional cada 24 horas. Amanecerá y veremos. Corte y fuera. Ya me cansé.

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@RobertoCienfue1