- La región cuenta con una riqueza que combina romance, relajación y el sabor más puro del occidente de México
Clase Turista
La región de Los Altos de Jalisco cuenta con una riqueza que combina romance, relajación y el sabor más puro del occidente de México. Para quienes buscan descubrir nuevos rincones del estado, existe un recorrido que enlaza la majestuosidad de su arquitectura, paisajes naturales y las tradiciones arraigadas que definen la fuerte identidad alteña a través de sus Pueblos Mágicos y localidades más emblemáticas.
La travesía comienza adentrándose en el Pueblo Mágico de Lagos de Moreno, conocido como la puerta de entrada al Camino Real de Tierra Adentro y catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Al recorrer sus calles empedradas déjate deslumbrar por su imponente arquitectura barroca de cantera rosa y las impresionantes edificaciones que te envuelven en un aire de historia y serenidad.
Aprovecha tu visita a este lugar considerado la puerta de entrada al Bajío y no te pierdas de realizar actividades de ecoturismo en el Cerro de la Mesa Redonda, una imponente meseta de origen volcánico que destaca por su superficie completamente plana; así como visitar sus majestuosas haciendas que aún mantienen sus puertas abiertas al público y se han convertido en lujosos hoteles boutique, escenarios ideales para realizar bodas destino.
La siguiente parada es el histórico Pueblo Mágico de Temacapulín, un destino que destaca como un santuario de descanso físico y mental gracias a sus famosas aguas termales curativas. Estas ricas aguas minerales, que brotan de manera completamente natural a temperaturas que superan los 40°C, nutren balnearios locales y albercas rústicas que atraen a cientos de viajeros en busca de salud y relajación profunda.
La identidad del lugar es un monumento vivo a la perseverancia, pues sus habitantes protagonizaron durante años una valiente resistencia comunitaria contra el proyecto original de la construcción de la presa El Zapotillo, logrando modificar los planes técnicos para salvar sus hogares de la inundación. Toda esta carga histórica se respira al caminar entre sus tradicionales fachadas de adobe y al subir hacia el panteón viejo inaugurado en 1870, el primer cementerio civil laico del lugar, un sitio lleno de nostalgia que ofrece espectaculares vistas panorámicas del cañón y resguarda la memoria de quienes defendieron con orgullo su tierra.
Además de estos dos pueblos mágicos, esta asombrosa ruta cuenta con diversos municipios imperdibles que no puedes dejar de visitar.
El trayecto continúa hacia Jalostotitlán, un municipio que actualmente está revolucionando el panorama vitivinícola local con su emergente y reconocida propuesta de vinos de altura, donde viñedos boutique aprovechan el clima templado para producir etiquetas excepcionales que desafían las costumbres agrícolas tradicionales de la región.
Aquí un imperdible es la visita a los talleres de madera taraceada, donde se producen las artesanías más finas y exclusivas de México. A la par, exaltando la riqueza arquitectónica colonial de las haciendas y terrazas, el patrimonio religioso que representa la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, -ubicada en el corazón del centro histórico y famosa por su majestuoso retablo bañado en oro- así como las áreas naturales y la cultura enológica de la región, el poblado se convierte en postal ideal para realizar bodas destino impulsadas por el programa “Cásate en Jalos”.
De ahí, el recorrido conecta con Tepatitlán de Morelos, considerada la capital económica de la rubregión Altos Sur, un punto estratégico que permite respirar la auténtica atmósfera ganadera y conocer de primera mano el orgullo de una de las ciudades más destacadas del occidente de México.
Este destino es considerado la cuna de la gastronomía alteña, famosa por la producción artesanal de quesos y lácteos de la más alta calidad, así como por sus icónicas y tradicionales carnitas de cerdo que se disfrutan en el corazón de la Plaza de Armas y rodeada por sus portales tradicionales.
La ruta avanza hacia Arandas, un poblado cuya vocación tequilera es uno de los pilares más importantes de la Denominación de Origen. Su paisaje agavero destaca por las propiedades de sus suelos arcillosos de color rojo intenso y por su altitud, factores minerales y climáticos que permiten al agave azul concentrar una mayor cantidad de azúcares naturales, otorgándole al tequila producido en esta región un sabor más dulce, suave y frutal.
Así mismo, su activa plaza principal cautiva por sus portales y la imponente Parroquia de San José Obrero, sitio donde se puede apreciar un atractivo único en Latinoamérica: la campana más grande del continente, la cual pesa aproximadamente 15 toneladas y destaca como una de las obras de fundición más monumentales en el mundo.
Para cerrar la experiencia no puede faltar una parada en Atotonilco el Alto, para disfrutar de “La Ruta de las Cantinas”, el cual, como su nombre lo dice, es un recorrido por las tradicionales cantinas del municipio, buscando que el visitante conozca de primera mano la historia local, el sabor y la hospitalidad a través de botanas típicas y bebidas elaboradas con los destilados de la región, convirtiéndose en el broche de oro perfecto para experimentar el ambiente bohemio de los Altos.
De esta manera, la ruta de Los Altos se consolida como la alternativa ideal para los viajeros que desean descubrir nuevos sitios, consumir productos locales y dejarse sorprender por las historias de éxito, hospitalidad y descanso que resguarda el suelo jalisciense.
Para saber más:
https://visitjalisco.mx/regiones/altos-de-jalisco

