- XXXII Feria del Tamal y el Encuentro de Sabores Tamaleros, paraísos de sabores
Clase Turista
Si el año empieza con frío, que empiece también con tamales. Y no con uno: con decenas de versiones que celebran siglos de historia, maíz, ritual y puro placer culinario. La Ciudad de México se prepara para vivir una auténtica fiesta del antojo con la XXXII Feria del Tamal y el Encuentro de Sabores Tamaleros, un maratón gastronómico que promete convertir cada bocado en un viaje por las regiones de México… y más allá.
Del 29 de enero al 2 de febrero, el Museo Nacional de Culturas Populares se transforma en una gran cocina viva donde 50 tamaleras y tamaleros de distintos estados del país —e incluso de Latinoamérica— compartirán recetas que han pasado de generación en generación. Aquí no hay prisas: hay vapor saliendo de las ollas, hojas que se abren con ceremonia y aromas que cuentan historias prehispánicas. El tamal, ese platillo que nació mucho antes de la conquista, sigue siendo un símbolo de comunidad, ritual y celebración.
La experiencia continúa en el Complejo Cultural Los Pinos, donde el 31 de enero y 1 de febrero se reunirán más de 80 variedades de tamales, desde los clásicos de mole, verde o dulce, hasta versiones veganas, gourmet o elaboradas con insectos comestibles. El legendario zacahuil huasteco comparte mesa con creaciones contemporáneas, demostrando que la tradición también sabe reinventarse. Y como buen tamal no viaja solo, la oferta de atoles y bebidas calientes es un espectáculo aparte: cacao, maíz azul, guayaba, pinole, piloncillo y chocolate especiado acompañan cada mordida.
Todo ocurre en el marco del Día de la Candelaria, una fecha que une calendario religioso, ciclo agrícola y memoria familiar. Es la temporada en la que quien encontró el muñequito en la rosca cumple su destino tamalero, pero también el momento perfecto para reconectar con una de las tradiciones más queridas del país. Para completar la experiencia, el INAH organiza el paseo cultural La fiesta de las candelas en La Merced, recordando que el tamal no solo se come: se vive como expresión de fe, identidad y pertenencia.
Más que un festival gastronómico, esta celebración es una invitación a saborear el patrimonio vivo de México. Cada tamal guarda una geografía, una lengua, una historia familiar. Ir es dejarse llevar por el antojo… pero también por la certeza de que, en cada hoja abierta, late una parte esencial de la cultura mexicana.

