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07 enero,2026

Flores Magón y el anti maderismo de Carranza

  • José Antonio Aspiros Villagómez

Clase Turista

         Un libro poco conocido de Elena Garro es Revolucionarios mexicanos (Seix Barral, 1998), en cuyas 183 páginas trata sobre Ricardo Flores Magón, el interinato de León de la Barra, la figura y el gobierno de Madero, la Decena Trágica y la impunidad para los magnicidas del llamado apóstol de la Revolución.

         Es un libro revelador que hallé en los recientes reacomodos de mi pequeña biblioteca y de inmediato me detuve en las páginas relativas a Flores Magón, cuyo nombre lleva el Premio México de Periodismo que otorga anualmente la Fapermex, una organización gremial con casi un cuarto de siglo de existencia. Dos veces me otorgaron ese galardón.

         Porque, tanto Ricardo como sus hermanos Jesús y Enrique fueron periodistas que fundaron uno tras otro diversos periódicos con artículos en contra del presidente Porfirio Díaz. Algunas veces Ricardo escribía desde alguna cárcel de las varias donde pasó la mayor parte de su vida; incluso murió dentro de una de ellas en Estados Unidos, estrangulado por un militar gringo apodado El Toro.

         Pero, en vida, narra Elena Garro que los hermanos Flores Magón rechazaron unirse a Venustiano Carranza porque este había sido miembro del Partido Científico (porfirista) y porque, cuando asesinaron a Madero, escribió un telegrama de felicitación a Victoriano Huerta.

Pero no envió ese mensaje porque, si bien ya antes “había reunido un gran ejército para lanzarlo contra Madero” -dice Garro-, se dejó convencer por el presidente de la comisión permanente de la Legislatura de Coahuila, Atilano Barrera, para que  mejor usara su fuerza militar para vengar la muerte de Madero. “Venustiano aceptó maravillado” y seguramente fue cuando elaboró el Plan de Guadalupe.

         Según Garro este episodio fue documentado por la hija de Barrera, Consuelo, pero “la historia oficial de la Revolución no ha permitido dar curso a esta versión”, ocultada “cuidadosamente por los interesados”.

         Me desvié de Flores Magón porque estos datos sobre Carranza ciertamente son desconocidos y me parecen rescatables para buscar más allá de lo que dicen biógrafos de don Venustiano muy complacientes como Félix F. Palavicini y Jesús Silva Herzog, además de la mucha información documental que publicó la historiadora Josefina Moguel.

         Así que, con perdón del destacado anarquista cuyos principios fueron finalmente plasmados en los artículos 27 y 123 de la Constitución de 1917, debo resaltar otros datos sobre el Varón de Cuatro Ciénegas quien, según escribió Elena Garro (¿por eso no la querían?), “era odiado por los campesinos y los obreros”, pidió fusilar a unos electricistas en huelga en 1916, era enemigo de la reforma agraria y “su camarada, el Dr. Atl, escribió que para alcanzar el triunfo de su causa, había que “aniquilar (…) a los bandidos del sur encabezados por el forajido Zapata”.

         Por su parte, tras ordenar el magnicidio de Carranza, Álvaro Obregón pidió al presidente de Estados Unidos la liberación de Flores Magón y Librado Rivera, un magonista preso con él, a lo cual accedió el gobernante pero, en la noche anterior a ser excarcelados, El Toro estranguló a Ricardo y “las autoridades dijeron que había muerto del corazón”.

         Cuando Enrique Flores Magón aceptó enviar de Los Ángeles a México el cadáver embalsamado de su hermano, multitudes lo velaron en el trayecto, y cuando llegó a la sede de la Alianza de Trabajadores de Ferrocarriles, Plutarco Elías Calles envió una ofrenda floral que los obreros arrojaron a la calle. Sus restos descansan desde 1945 en la entonces llamada Rotonda de los Hombres Ilustres, en el Panteón Civil de Dolores, muy cerca de donde en ese año se celebró mi primer aniversario de nacido.

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