- México en la visión eurocéntrica de la historia del siglo XIX
- Por José Antonio Aspiros Villagómez
Clase Turista
Encontré en los exhibidores de revistas de una tienda comercial, una edición especial de Historia, de National Geographic, dedicada a “El siglo XIX. Cien años de progreso y revolución”.
Como ya es costumbre en esa publicación española, a México llegan sus ejemplares con un año o más de retraso (y uno sospecha que mandan lo que no se vendió allá) pero en este caso se pasaron porque se trata de la edición 01/2019, que nos ofrecieron en 03/2025.
Aunque ese no es el problema; por fortuna no es una revista de noticias que pasen de actualidad, sino de sucesos antiguos; el inconveniente a mi entender es que el tema está tratado con una inocultable visión eurocentrista: lo importante para ellos es lo que sucedió en Europa y sus colonias en el siglo XIX, y de América sólo abordan con amplitud lo acontecido en Estados Unidos.
México casi no aparece en las 160 páginas de la edición, pues para los autores y editores, aquí no hubo progreso (y tendrían razón), aunque sí revolución, y muchas, pero apenas y arañan en sus diversos capítulos lo que para ellos es más relevante de nuestro país, relacionado en parte con su tema central: las potencias extraeuropeas.
Así, mencionan que “fracasaron rotundamente” en México, Francia, España y Estados Unidos “los intentos de crear falansterios” (mutualidades de trabajadores) -página 45-; o que Manet pintó un óleo sobre la ejecución de Maximiliano donde se “muestra con crudeza el fin de la aventura imperial francesa en tierras americanas” -página 91-, a la cual califican como la “acción (de política) exterior más extravagante” de Napoleón III -página 94-.
Se trató, dice esta revista Historia de National Geographic, de una medida que “puede inscribirse también en el deseo de abrir (a México) a la nueva civilización europea mediante su pacificación y la organización de un gobierno estable”. (Un enfoque interesante para el debate). Eran propósitos, abunda el autor anónimo del texto, que “sin duda (…) aunaban intenciones de carácter económico al mismo tiempo que humanitario”.
Se menciona de manera un poco más destacada -páginas 112-113- la pérdida del 55 por ciento de territorio mexicano a manos de Estados Unidos tras la invasión de 1847-1848, pero lo dicen en el contexto de la historia estadunidense, no de la nuestra. Porque lo destacado para esta revista fue el periodo de Andrew Jackson como presidente de ese país (sin importarle quién gobernaba en México), pues fue cuando prevaleció en política exterior la idea del “destino manifiesto” según la cual, había “la convicción de que la parte norte del continente, a pesar de las reclamaciones de Francia, España, Rusia, Gran Bretaña y México, estaba destinada a convertirse en territorio de Estados Unidos”.
A pesar de los cuestionamientos anteriores, vale la pena conocer todo el contenido de la publicación aquí comentada, sin perder de vista que es la percepción europea de los hechos históricos del siglo XIX.
Con las reservas del caso, su información es valiosa, sus enfoques y análisis interesantes y su presentación editorial muy moderna y didáctica, con una portada donde se ve a una niña trabajando como obrera y es observada desde el fondo por su probable patrón, cuando se suponía que en esa época las mujeres estaban confinadas a su hogar.

