- El sindicalismo bajo fuego y la necesidad de líderes que no se dobleguen
- Por Ezequiel Ortiz Moreno
Red Financiera
En menos de una semana, dos secretarías del gobierno estatal han sido tomadas por trabajadores organizados: la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV) por el Sindicato Innovador Magisterial Veracruzano (SIMVE), a cuyo frente está Gerardo Velásquez Maravert, que representa a empleados y maestros del Programa Vasconcelos, y la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas (SIOP) por el Sindicato de Empleados del Poder Ejecutivo de Veracruz (SEPEV), liderado por Acdmer Antonio Galicia Campos. Dos protestas distintas, dos demandas legítimas de reinstalación y respeto a derechos laborales, pero un mismo denominador: la ausencia total de diálogo por parte de las autoridades.
Ni el secretario de Educación ni el de Infraestructura han recibido a las dirigencias. En ambos casos, los líderes sindicales —el del SIMVE y Acdmer Galicia Campos— han denunciado que sus peticiones de audiencia han sido ignoradas sistemáticamente. Curiosamente, ambos han enfrentado amenazas en el pasado precisamente por defender con firmeza a sus agremiados. Galicia Campos, incluso, ya fue detenido arbitrariamente en una ocasión anterior durante otra movilización similar. Y ahora, de manera sospechosa, un día después de que el SIMVE negara la entrada a funcionarios de la SEV en medio de su plantón, su dirigente fue denunciado este mismo día ante la Fiscalía por la supuesta “venta de una plaza”. Coincidencias que huelen a estrategia para deslegitimar y debilitar la protesta.
Esto no es aislado. A nivel nacional, los jubilados de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) marchan en estos mismos días contra una reforma que pretende recortar sus pensiones, recordándonos que el ataque a los derechos laborales no es solo veracruzano: es un patrón que se repite en todo el país. Parece que no es un buen momento para el sindicalismo independiente. Gobiernos y autoridades parecen preferir el silencio, la dilación o la criminalización antes que sentarse a negociar con trabajadores de carne y hueso.
Pero precisamente por eso, hoy más que nunca se necesitan líderes aguerridos como los Gerardo Velásquez Maravert y como Acdmer Antonio Galicia Campos. Líderes que no se cansen, que no se vendan y que sigan al frente aunque les cueste amenazas, detenciones o denuncias fabricadas. Porque cuando los trabajadores son ignorados, la única herramienta que les queda es la movilización. Y cuando la respuesta del poder es la represión disfrazada de “justicia”, la sociedad debe alzar la voz para exigir diálogo real, no persecución.
Veracruz está mandando una señal clara: los derechos laborales no son un favor, son una conquista. Y mientras haya sindicalistas dispuestos a jugársela por sus bases, la lucha no se detendrá. Ojalá las autoridades lo entiendan antes de que la inconformidad se extienda aún más. El silencio y la represión nunca han sido buena receta para la gobernabilidad.

