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03 marzo,2026

Hace 50 años: Marco Tolama en Automundo

  • Por José Antonio Aspiros Villagómez

Clase Turista

Aquel 1 de mayo de 1994, a las 12 horas como cada domingo en que se televisaban diferidas en México las carreras de Fórmula Uno, los aficionados nos dispusimos a ver el Gran Premio de San Marino. Con el semblante conmovido, pero sin perder la compostura por su responsabilidad frente al micrófono y las cámaras, el conductor comenzó su narración con una mala noticia: el campeón Ayrton Senna había muerto tras sufrir un accidente en plena carrera.

El programa dedicó el tiempo necesario a difundir con repeticiones y comentarios la escena del impacto del Williams F1 de Senna en la curva de Tamburello, el cuidadoso rescate del piloto brasileño del interior del bólido y el mucho tiempo que su cuerpo -al parecer aún con vida- estuvo tendido sobre la pista antes de sacarlo en helicóptero. Y luego, la reanudación de la carrera. A Senna no le gustaba la ayuda electrónica de su coche y estaba nervioso antes de la prueba, según dijeron después sus compañeros.

Quien narró para el público televidente mexicano los sucesos en Imola aquel 1 de mayo y también todas las carreras de F1 en ese tiempo, fue un ex piloto y luego destacado cronista que lamentablemente falleció el pasado jueves 26 de febrero: Marco Antonio Tolama, al que conocí hace más de medio siglo porque fue colaborador de la revista Automundo, en la que yo trabajaba.

Desde finales de enero pasado, Tolama había estado en terapia intensiva intubado por un problema respiratorio, y hubo una campaña para recaudar fondos pues los gastos hospitalarios fueron altos, pero todos los esfuerzos resultaron insuficientes. Según mis cálculos, tenía alrededor de 79 años.

En Excélsior, el periódico donde me enteré de su deceso, leí que Marco Tolama había estado un cuarto de siglo en la televisión. La nota del reportero Ariel Velázquez dice que en los inicios de Canal 13 (Imevisión), José Ramón Fernández “buscaba a un piloto que pudiera explicar con rigor técnico lo que sucedía en la Fórmula 1. Tolama fue el elegido” y se convirtió “en pieza fundamental de programas históricos como DeporTV y Los Protagonistas”.

Ahí estuvo 25 años y después “continuó su labor en medios como Radio Trece, Claro Sports, TDN y diversas publicaciones impresas especializadas”. Una de esas publicaciones fue Automundo, una revista mensual de la Editorial Mex Abril cuyo número cero apareció en junio de 1970, y en la que trabajé entre enero de 1972 y julio de 1976.

Tuvimos colaboradores muy versados como los ingenieros Jorge Olea y Rafael Cal y Mayor, los periodistas Roberto González Pérez y Rafael Arenas, el autor de ‘México desconocido’ Harry Moller, el promotor Rodolfo Sánchez Noya y el citado piloto Marco Tolama, de quien Automundo primero publicó una entrevista, en su número 27 de octubre de 1972, donde lo presentó como El Charro Volador y relató su entonces corta trayectoria.

Se inició en los karts y en 1970 debutó en una competencia de turismos organizada por la Universidad Autónoma de Puebla. A finales de ese año tomó un curso de tres semanas en la escuela de Jim Russel que le permitió manejar en Inglaterra un auto Fórmula Ford, y regresó para ocupar en diciembre un segundo lugar en su categoría, en el autódromo de Querétaro.

En opinión de Tolama, quien entonces era un soltero de 25 años con el pelo crecido y ondulado, y enormes bigotes, “todo piloto que piense vivir de las carreras debe hacer forzosamente una temporada en Europa” para foguearse.

Él lo hizo y así aprendió el estilo más calculador y más técnico de los europeos, en contraste con los pilotos mexicanos que, en su opinión, “somos todavía unos tigres que peleamos todo el tiempo”.

Y como en México era muy escasa entonces la actividad automovilística, alquiló un Fórmula Ford en la escuela de Russel y estuvo la temporada 1972 completa en Inglaterra, donde probó además los Fórmula Tres, con resultados que le valieron afianzar su patrocinio y obtener su licencia internacional.

Marco Tolama estuvo como espectador cuando Pedro Rodríguez ganó el Gran Premio de Bélgica en 1970. El mexicano iba en sexta posición cuando se soltó la lluvia –“pero lloviendo de veras”-, y mientras “todos los competidores aflojaron el acelerador”, Pedro lo mantuvo a fondo y se colocó de líder. Los aficionados, “enloquecidos por la acción, gritaban ¡Pedro! ¡Pedro! ¡Pedro!… Confieso que la emoción me hizo llorar”, narró Tolama a Automundo, en una nota sin firma pero probablemente escrita por el entonces jefe de redacción, Luis Arenas Rosas.

Marco volvió a las páginas de la revista en diciembre de 1973 (Automundo # 41), cuando en la sección ‘Apuntes de un piloto’ se refirió a su mala suerte en pistas mexicanas. Por ejemplo: “Cuando llegué de Europa, el tal Fernando Iriarte me ofreció correr con él el Porsche que había adquirido de Juan Carlos Bolaños, es más, yo lo conseguí, hice el trato, lo probé y al final de cuentas, gracias a las recomendaciones de personas que me estiman mucho (¿?) y que tengo plenamente identificadas, los que formaron el equipo fueron otros”. Al poco tiempo, ese Porsche se incendió; “no hay mal que por bien no venga”, fue su moraleja.

Y como eso, narró otras experiencias negativas en Puebla, Guadalajara y más, pero también comentó de sus planes en la Fórmula Vee dentro de México, que era muy atractiva, y que por esa razón “mi viaje a Europa se tendrá que posponer hasta 1975 en que iré a la Fórmula Atlantic”.

Su primera prueba en la Vee -monoplazas con motores VW 1200 de producción comercial- fue a finales de enero de 1974 en el Primer Premio Jalisco y quedó en sexto lugar, igual que en Monterrey en septiembre siguiente. Pero, en cambio, fue segundo en el Primer Premio Internacional Jalisco, detrás de Carlos Lanero.

Esa categoría, donde bautizaron como “mosquitos” a los monoplazas por su aspecto, daba más espectáculo que las estelares por “la similitud de máquinas” e “igualdad de condiciones”, reseñaron los reporteros de Automundo Miguel Vega Pérez y Rodolfo Velasco, pero siempre fue programada como preliminar, muy temprano, y por eso casi no había público.

En el Premio Benito Juárez de 1975,  “el ‘profe’ Marco Tolama nada pudo hacer ante la despegada de sus contrincantes y se tuvo que conformar con el quinto (puesto). Seguramente que esto no está dentro del programa que tiene planeado en la escuela de pilotos”, escribió Velasco en Automundo 59, de junio de 1975.

En cambio en la siguiente prueba, la Monterrey 500, cinco “salchichas alemanas se trenzaron en tremendo duelo que al final fue superado por el ‘Charro Volador’ Marco Antonio Tolama, con una acción muy colmilluda”, según la crónica de Vega Pérez. Después vino el Primer Premio Turismo, en Monterrey, en que quedó tercero, y luego en el Gran Premio Can-Am en Guadalajara, donde iba en la punta “sin presión alguna”, pero “tuvo una falla en el condensador que lo obligó a abandonar”.

Entrevisté al poblano Tolama para Automundo # 66, de enero de 1976, y me anunció que estaba buscando patrocinador para correr ese año en Europa la Fórmula Super Vee, “y si no, pues a ver qué pasa”. Consideró que 1975 había sido su mejor año (quedó segundo en la Carrera de Campeones, última de ese lapso) pero estaba desencantado del medio automovilístico mexicano, pues “los promotores no tuvieron organización”, y así “no se podían esperar buenos resultados”.

Tolama inició sus colaboraciones en Automundo # 69, de abril de 1976 con la columna ‘Estrictamente personal’. Dedicó la primera a resumir los datos de su trayectoria que ya comenté antes, pero con detalles como, por ejemplo, que su debut con una victoria en Puebla, en la categoría turismo estándar,  fue con el mismo Renault R8 en que se trasladaba a la escuela; estudiaba ingeniería textil.

Su siguiente colaboración está fechada en Mannheim, Alemania Occidental, el 31 de marzo, pero cuando se recibió en México ya se estaba preparando el número de junio, donde fue publicada. En ella se refirió a las primeras pruebas fuera de competencia en la Fórmula Super Vee, cuya temporada iba a comenzar en abril.

Al parecer Tolama dejó de enviar su columna; ya no aparece en los meses restantes de 1976, ni yo le seguí la pista porque presenté mi renuncia a la dirección de Automundo, cargo que ocupé por un tiempo breve después de haber sido reportero, fotógrafo y jefe de redacción. Cincuenta años después, Marco Antonio Tolama ha partido; descanse en paz.

José Antonio Aspiros Villagómez

Licenciado en Periodismo

Cédula profesional 8116108 SEP

antonio.aspiros@gmail.com

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