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26 febrero,2026

Colima y el lujo de viajar distinto

  • Sin filas, sin ruido y con mucha riqueza local

Clase Turista

En una época donde viajar muchas veces significa enfrentar destinos saturados y filas interminables que convierten lo que podría ser una gran experiencia en un momento de caos, Colima se mantiene como una joya turística discreta del Pacífico mexicano que ofrece autenticidad, alternativas para todos los presupuestos  y diversidad.

Aquí, el lujo no está en la masividad, sino en el espacio, la calma y la posibilidad de vivir cada lugar con tranquilidad y relajado.

A diferencia de otros destinos de playa, en Colima aún es posible disfrutar el mar sin multitudes. Playas como Boca de Pascuales (famosa por su fuerte oleaje ideal para surfistas experimentados), El Real o Tecuanillo ofrecen paisajes abiertos, atardeceres hermosos y espacios para descansar, o practicar algún deporte de playa. En muchas de ellas, las tradicionales enramadas a pie de playa permiten comer pescado zarandeado, tiritas o camarones recién preparados, con los pies en la arena y sin prisas.

En Manzanillo y la capital del estado, la oferta gastronómica refleja también una de las grandes ventajas de Colima: permite disfrutar cada lugar con mayor calma y atención al detalle. Espacios como La Sal, con una propuesta contemporánea, y Komunal, que reinterpreta la cocina local con creatividad, destacan por trabajar con ingredientes frescos de la región y ofrecer un servicio que se vive de forma más cercana, y en sintonía con el ritmo tranquilo del destino.

Además de sus áreas con baja saturación,  Colima destaca por su diversidad en actividades, climas y paisajes. En menos de una hora, el viajero puede cambiar completamente de escenario e ir de una playa o montaña a Comala, un Pueblo Mágico rodeado de vegetación y tradición. Ahí, recorrer sus calles blancas, disfrutar de un café local o probar su panadería típica en los portales.

Muy cerca, la región resguarda atractivos poco explorados que refuerzan el carácter íntimo del destino, como sus aguas termales naturales, ideales para quienes buscan relajación. Sitios como El Hervidero sorprenden con pequeños cauces donde brotan aguas cálidas de forma constante, creando un refugio natural para desconectarse de la cotidianidad. Por su parte, Agua Caliente brinda un entorno donde el agua emerge desde el fondo de una cañada, formando pozas cristalinas rodeadas de flora y fauna local. Ambos lugares, aún fuera del radar del turismo masivo, permiten acercarse a la naturaleza.

Además, en Colima la baja masificación favorece una relación más cercana con la gente local —cocineras tradicionales, prestadores de servicios y comunidades— y se traduce en un servicio más personalizado en restaurantes, hoteles boutique y experiencias guiadas. Rutas como la de la Sal o la del Agave permiten al visitante adentrarse en el espíritu del destino.

Hoy, cuando el viajero busca reconectar, evitar aglomeraciones y descubrir destinos con cultura y tradiciones arraigadas, Colima se presenta como una gran alternativa para satisfacer esta demanda, al ser un lugar donde aún es posible viajar sin prisa, comer delicioso y descubrir rincones que no han perdido su esencia.

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