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24 febrero,2026

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  • DISPARO EN EL PIE
  • CARLOS RAMOS PADILLA

RedFinanciera

Me sorprendió el lanzamiento, tratamiento y contenido del libro “ni Venganza, ni Perdón”, un texto que permitió que Jorge Fernández Menéndez incriminara a su amigo Julio Scherer en la más patética aceptación de conductas irregulares.

Si bien Scherer, por tiempo y espacio, no participó en muchos actos de amlo antes de su cargo en el sexenio del tabasqueño (consejero jurídico del 2018 al 2021) sí sabía de la serie de arbitrariedades, mentiras e imposiciones registradas de amlo como activista, candidato, funcionario y presidente.

Desde la toma  de pozos petroleros y cierre de carreteras (delitos federales) pasando por el no cumplimiento del requisito de residencia para ser Jefe de Gobierno de la capital hasta reconocer públicamente que amlo ordenó la liberación de un capo (Ovidio Guzman) los atropellos fueron cotidianos.

El enorme protagonismo y narcisismo de amlo lo llevó a autoproclamarse “presidente legítimo” en una audaz pero siniestra ceremonia con su acostumbrado asambleísmo. Aquella negociación con Manuel Camacho y Marcelo Ebrard, priistas en la regencia de D.F. para que los barrenderos de Tabasco desalojaran el zócalo previo al grito de independencia se argumenta generó una importante donación para su movimiento.

Aquel insulto público a la ciudadanía que exigía un freno a la violencia y que calificó de pirruris y la manera en que se saltaba la ley con aquello de “lo que diga mi dedito” en el gobierno capitalino para luego como presidente expresar “no me salgan con que la ley es la ley”, tema que tendría que ser inaceptable para un abogado y profesor.

Todos estos eventos son ampliamente documentados y conocidos por la opinión pública y que no puede evadir Scherer del comportamiento de un personaje íntegro, moral, honesto y pacifista. como condecora a López Obrador.

Muchos se preguntan por qué la valentía de imprimir este libro a poco más de cuatro años que dejó el cargo y ya finalizado el sexenio obradorista. Hay una razón potente, poderosa y real, los archivos y documentos que como tabla de salvación y escudo conserva Alejandro Gertz Manero y que aportan información muy valiosa acerca de la construcción del tren maya, el ejercicio de Almicar y Gonzalo López Beltrán, la corrupción, el abuso y sobre todo las comisiones cobradas que Scherer tuvo que tener pleno conocimiento y que se abstuvo de denunciar entre otras cosas por ser empleado del padre de “bobby” y presidente de México, pero si escribe sobre cómo destruyó FONATUR para construir al Tren Maya.

Adicional se supo que el proyecto no presentaba estudios de impacto ambiental y que amlo había declarado que se comprometía a que no se talaría “ni un solo árbol”, sin aclarar jamás qué se hizo con toda la madera preciosa arrebatada a la selva del sureste.

Scherer nos quiere convencer que amlo es un pacifista que “no rompe ni un vidrio” pero la violencia no sólo es física, amlo radicalizó y enfrentó a la sociedad, a los políticos y a los empresarios; divido al país; insultó a un presidente constitucional (Fox) con aquello de “cállate Chachalaca”. Por ambición personal obligó al cierre y quiebra de varias pymes por su Platón de Reforma, que por cierto Scherer menciona pero no denuncia quién o quiénes lo financiaron.

Amlo despertó la violencia diplomática con el Vaticano, con Panamá y Ecuador. Crítico y atacó a la OEA y pidió demoler la estatua de la libertad de Nueva York, acciones todas- debemos de entender- entonces de un pacifista.

Scherer arma su narrativa más por un factor emocional que real. Debió haber sabido Scherer -ya que afirma que amlo no es administrador ni conocía del manejo del dinero- cómo o se extorsionaba a trabajadores del gobierno y miembros del entonces PRD y luego Morena a entregar obligadamente y en efectivo su diezmo. Carlos Navarrete ya habló de ello (pregúntenos entre otros a Delfina Gómez).

Las cajas con supuestos documentos del fraude en Tabasco y que se guardaron en un baño en las oficinas del padre de Scherer nunca se exhibieron y sí mucho se especuló que estaban vacías.

Scherer además debió tener claro conocimiento de que el primer responsable del Interoceánico fue Rafael Marín Mollinedo pero eso lo pasa inadvertido y entendemos que si acepta que Zaldívar fue impuesto por amlo en la Corte por un “compromiso personal” y que a Olga Sánchez Cordero le daba instrucciones de atender sólo el caso Ayotzinapa “porque lo demás no importaba”, pues entendemos el por qué del ocultamiento de información en relación a las obras faraónicas del sexenio incluyendo que nunca de probó ni se aprehendió a ningún funcionario o empresario por la supuesta corrupción en  el aeropuerto de Texcoco.

Si bien a Scherer no le tocó el evento de los linchamientos en Tláhuac, la construcción de la Línea Dorada, las muertes en el News Divine o la construcción de un monumento a un dictador en Paseo de la Reforma, sí debió darse cuenta del cobijo, impunidad y cargo público que se le otorgaron a Ebrard, quien fue “doblado” en la Casa Blanca y vino a decir a México “misión cumplida sr presidente”.

Tampico se refiere a cómo amlo negoció la consolidación de Morena a cambio de ya no frenar la Reforma Energética de Peña Nieto. De las constantes visitas a  Badiraguato y su encuentro con la madre del Chapo, pues no hay ningún argumento creíble por el ex consejero jurídico del expresidente.

Referencia especial en página 155 del libro sobre el Juicio a expresidentes en donde una vez más amlo se consideraba parte de un ministerio público en donde se dictaba quién a capricho era saqueador de los bienes nacionales y quién no.

¿No violentó amlo? Scherer en su cargo fue testigo de cómo las mañaneras funcionaban como tribunal y patíbulo -gracias a Jesús Ramírez- de eventos y personajes violentando las leyes incluso exponiendo en su seguridad a colegas periodistas y políticos al exhibir sus datos personales y confidenciales. Además de “sembrar” preguntas a modo por “pseudo periodistas“ -así lo escribe Scherer- y que fomentaban un jugoso mercado negro de utilidades.

López Gatell es un ejemplo clarísimo de los delitos, anomalías y tropelías que amlo permitió a razón de la vida y miles de muertes de personas por la pandemia. Y calló. En la página 168 señala que a amlo le daba “flojera “reunirse con los empresarios».

De la estafa del avión presidencial y de la salida de Irma Eréndira por defender al hijo de Bartlett (aunque la realidad fue que se metió en la elección de Guerrero) el abogado parece que sólo observaba.

Vale el texto/libro porque es contado por alguien que convivía cotidianamente con amlo y cumplía con sus órdenes  ademas de  participar de muchas acciones promovidas por el Ejecutivo.

A Jesús Ramírez lo involucra en el huachicol y el financiamiento ilícito de campañas. Julio Scherer Ibarra “hermano” de amlo, deja muy claro quiénes fueron sus enemigos en aquel gobierno: Manuel Bartlett, Jesús Ramírez, Adán Augusto López, Hugo López-Gatell, Alejandro Gertz Manero, Olga Sánchez Cordero, Martí Batres y Raquel Buenrostro, pero hay varios  datos, eventos y nombres claves que fueron arrancados de la narrativa transformada en conversación impresa. Uno de ellos sin duda fue Porfirio Muñoz Ledo quien antes de morir señaló con toda precisión que se había construido un narcoestado y que amlo era el principal responsable.

Considero que esa declaración en concreto vale más, mucho más que todo el libro y que Scherer también debió conocer.

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