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17 enero,2026

Impacto ambiental de la IA

  • El desafío energético que redefine la inversión digital en México

Clase Turista

Cada vez que una empresa adopta inteligencia artificial para optimizar procesos, analizar datos o automatizar decisiones, ocurre algo que rara vez entra en la conversación financiera: un centro de datos se activa, incrementa su demanda eléctrica y mantiene servidores operando de forma continua. Esta dinámica pone sobre la mesa el impacto ambiental de la inteligencia artificial, un factor que empieza a influir directamente en costos, escalabilidad y atractivo de inversión.

Las cifras dimensionan la magnitud del desafío. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), una sola consulta a modelos de inteligencia artificial generativa requiere aproximadamente 2.9 vatios-hora, casi 10 veces más que una búsqueda tradicional en internet.

Este consumo se multiplica a escala global. De acuerdo con la consultora Ciena, 43% de los centros de datos en el mundo estarán dedicados al procesamiento de inteligencia artificial en los próximos años, lo que incrementa la presión sobre la infraestructura energética y eleva el consumo energético de data centers de forma sostenida.

“El verdadero desafío de la inteligencia artificial no está solo en su capacidad de cómputo, sino en cómo descarbonizamos la infraestructura que la hace posible. Sin energía limpia, eficiente y gestionada de forma inteligente, el crecimiento de la IA será insostenible a largo plazo”, señala Sergio Prado, Director Ejecutivo de Greening en América del Norte.

IA, centros de datos y energía: un riesgo estructural para la competitividad

En México, el crecimiento de la IA avanza en paralelo a una expansión acelerada de la infraestructura digital. El país se ha consolidado como uno de los mercados más atractivos de América Latina para centros de datos, impulsado por su cercanía con Estados Unidos, talento técnico y demanda empresarial. Sin embargo, la transición energética no ha avanzado al mismo ritmo, lo que vuelve al impacto ambiental de la IA un tema de competitividad nacional.

Un estudio de la UNAM, basado en datos del Censo Económico 2017 del INEGI, estima que los centros de datos ya representan alrededor del 0.41% de las emisiones de CO₂ en México, una proporción que crecerá conforme aumente la capacidad instalada y la adopción de servicios digitales basados en IA.

Este escenario se agrava si se considera que, en 2024, solo 23.4% de la electricidad generada en México provino de fuentes limpias, según la Secretaría de Energía. La combinación de mayor demanda eléctrica, mayor consumo energético de data centers y una matriz con baja penetración renovable introduce un riesgo estructural para la inversión digital de largo plazo.

Aun así, el potencial económico del sector es contundente. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Data Centers (MXDC), México proyecta una inversión directa de 9,200 millones de dólares y una inversión indirecta de 27,500 millones de dólares hacia 2029, lo que contempla el desarrollo de alrededor de 74 nuevos centros de datos en los próximos cinco años, y una suma de 1.5 GW hacia 2030 al Sistema Eléctrico Nacional.

Para Prado, el éxito de estas inversiones dependerá de responder una pregunta que hoy ya evalúan inversionistas y corporativos globales: cuánta energía consume la inteligencia artificial y cómo se gestiona ese consumo de forma limpia, estable y competitiva. “Si un centro de datos no puede garantizar energía limpia y confiable, pierde competitividad frente a otros mercados. Hoy, la energía es un factor decisivo para atraer inversión digital”, advierte.

Descarbonización digital: la nueva condición del negocio tecnológico

En este contexto, la descarbonización dejó de ser una aspiración reputacional para convertirse en un requisito de negocio. Gigantes tecnológicos como Amazon, Google y Microsoft han fijado metas para operar con energía 100% libre de carbono entre 2030 y 2040, condicionando su cadena de suministro y decisiones de ubicación.

Frente a esta presión, el autoconsumo y la generación distribuida ganan relevancia como herramientas para reducir dependencia de la red, estabilizar costos y mitigar riesgos operativos asociados al impacto ambiental de la inteligencia artificial.

Sin embargo, la generación renovable por sí sola no es suficiente. Aquí es donde el almacenamiento de energía en baterías (BESS) se vuelve un habilitador crítico de la transformación digital. Lejos de ser solo una batería, los sistemas BESS permiten almacenar energía solar para su uso nocturno o durante picos de demanda, estabilizar el suministro y garantizar continuidad operativa.

Entre sus principales beneficios destacan:

Operación continua con energía renovable.

Reducción de emisiones de CO₂.

Optimización de costos energéticos.

Gestión de picos de demanda.

Mayor resiliencia ante fallas de la red.

“El almacenamiento de energía, a través de sistemas BESS, es clave para gestionar el consumo en horarios punta, reducir costos operativos y disminuir las emisiones de CO₂. Sin esta tecnología, la expansión de la inteligencia artificial y los centros de datos simplemente no será sostenible”, afirma Sergio Prado.

La energía definirá el futuro de la IA en México

La inteligencia artificial seguirá creciendo. Sin embargo, su consolidación dependerá menos de la capacidad de cómputo y más de cómo se gestione el impacto ambiental de la inteligencia artificial desde la infraestructura energética.

La carrera por la IA no se ganará únicamente con más servidores o mayor capacidad de cómputo. Se ganará, sobre todo, en el terreno de la energía limpia, el almacenamiento y la resiliencia.

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