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07 enero,2026

SE COMENTA SOLO CON…

  • EL LENGUAJE
  • CARLOS RAMOS PADILLA
Red FinancieraMX
Transcribí textual el párrafo de un comunicado oficial de Morena señalando que el PRESIDENTE López Obrador “recuerda que la política no se ejerce desde la fuerza, sino desde la razón, la dignidad y el respeto al derecho ajeno”. Constitucional y legalmente amlo dejó de ser presidente hace más de un año.
Hoy por la mañana Sheinbaum aseguró que es “interesante el posicionamiento del PRESIDENTE Maduro” y más tarde reclama al periódico Reforma sus ocho columnas señalando que había otros acontecimientos como “tomó posesión la nueva PRESIDENTA de Venezuela».
Y lo que está fuera de toda lógica es que Sheinbaum pida un juicio “con celeridad y justicia” para un sujeto acusado de crímenes, torturas, abuso de poder, narcotráfico, enriquecimiento, violencia sexual y persecución a medios de comunicación.
Es una repetición de amlo cuando pedía defender los derechos de los delincuentes y les mandaba “abrazos, no balazos” o nalgadas para que se portaran bien. Un presidente que se auto erigió como ministerio público (sin consecuencia alguna) para ordenar la liberación de un presunto criminal como Ovidio Guzmán y que a Joaquin Guzmán le ofreciera disculpas públicas por haberse referido a él como “el Chapo”.
Un Ejecutivo Federal que desatendió a las madres rastreadoras pero fue solicito a ponerse a las órdenes de la madre de un narcotraficante hoy detenido y juzgado en Estados Unidos porque aquí se le protegía.
Por supuesto las vistas a Badiraguato no eran gratuitas. El gobierno mexicano demanda justicia para aquellos que han hundido a sus pueblos en la miseria y el caos, incluyendo al “hermano” Evo Morales a quien se le ofreció asilo político o la protección diplomática a delincuentes sentenciados en Ecuador al darles cobijo en nuestra embajada.
Defendiendo a los tiranos es ponerse al lado oscuro de la historia. Injustificable solicitar “juicio justo” cuando en ratos sí y en ratos no hablan de soberanía, respeto internacional y no injerencia en asuntos que no nos competen a menos que estos reos involucren a México y sus altos funcionarios en ejercicios propios de la delincuencia y crimen organizado.
Si acusan a Trump de violentar los tratados internacionales que mejor agachen la cabeza por la crisis con Perú o Ecuador en donde a amlo y a Sheinbaum les ha determinado un “persona non grata”.
De igual manera Sheinbaum lejos de preocuparse por la línea editorial de los periódicos, tendría que explicar a qué se deben los sobrevuelos de aviones con matrícula mexicana en el espacio aéreo de Venezuela, concretamente en Caracas, horas antes de la detención de Maduro o que desmienta que el AIFA ha sido empleado para operaciones aéreas sospechosas de aviones precisamente venezolanos y cubanos.
Las sanciones internacionales que tuvo que aceptar Sheinbaum sobre el AIFA fueron enérgicas aún cuando la presidenta (con a) asegurara que “no somos piñatas de nadie”.
El gobierno mexicano tendría que estar solicitando apoyo humanitario para todas las víctimas de la dictadura de Chávez y Maduro y exigir castigo por crímenes de lesa humanidad cometidos en ese territorio, con actos atroces como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil, con asesinatos, esclavitud, deportaciones forzadas, violación y persecución, violando derechos humanos y ofendiendo la conciencia de la humanidad.
Estos crímenes se juzgan internacionalmente y no tienen fecha de caducidad, como los establecidos por la Corte Penal Internacional. México debería de estar observando la serie de denuncias por desapariciones y asesinatos que interponen los deudos venezolanos.
México tendría que debatir en foros internacionales la forma segura de retorno de los más de 8 millones de venezolanos que fueron expulsados por una tiranía anacrónica bajo el mando de un arbitrario personaje que gritaba “cobarde ven por mi, no se tarden, aquí los espero en Miraflores: pis no gúar”.
México está obligado a retornar a sus tiempos de país modelo, ejemplo y hermano mayor de los países latinoamericanos y no convertirse en apéndice del Foro de São Paulo para en nombre del comunismo enriquecer a sus líderes y perpetuarse en el poder.
¿Juicio justo? Y que les pueden decir a las familias de Ayotzinapa o a los miles y miles de asesinados como Carlos Manzo o a los cientos de desaparecidos y que sus casos quedan bajo el conveniente cajón de los políticos en turno.
Pregunté en redes sociales, y qué de aquellos que convenientemente han dejado las ocho columnas como Bartlett, Fayad, Rocha, Yunes, Del Mazo, Adán Augusto, Lozoya, Andrea Chávez, Epigmenio Ibarra, López, Noroña y otros tantos más que no solamente deben responder a las pruebas presentadas sino a las denuncias formales en la Fiscalía.
O quizá la interrogante sería: ¿habrá juicio para ellos? Quizá no porque la preocupación es el futuro de Maduro, el cómplice, el colega, el hermano bolivariano.

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