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04 enero,2026

Modernización aeroportuaria, clave para el futuro de la conectividad

  • La terminal aérea, uno de los grandes embajadores de México; es lo primero que ve una persona al llegar al país

Clase Turista

México vive un momento decisivo para redefinir el papel de sus aeropuertos. En 2024, el país recibió más de 42 millones de turistas internacionales, consolidándose como uno de los destinos más visitados de América1. En paralelo, se proyecta una inversión pública y privada superior a 134 mil millones de pesos para modernizar la infraestructura aeroportuaria entre 2025 y 20302. Estos esfuerzos ya están en marcha y buscan responder a una nueva era de movilidad, sostenibilidad y expectativas del viajero.

El aeropuerto es hoy uno de los grandes embajadores de México: es lo primero que ve una persona al llegar al país y lo último que experimenta antes de volver a casa. La pregunta de fondo es sencilla pero poderosa: ¿estamos ofreciendo esa sensación increíble de bienvenida y despedida que refleje lo mejor de México?

Más allá de la capacidad operativa, la modernización aeroportuaria es una oportunidad para transformar la experiencia completa del viaje: desde el momento en que se cruza migración hasta el instante en que el pasajero aborda su vuelo de regreso. Un aeropuerto mexicano contemporáneo debe celebrar la cultura local, la calidez de su gente y la innovación en el servicio, convirtiendo cada llegada y salida en un recuerdo positivo y memorable.

Una visión global aplicada al contexto mexicano

“Un aeropuerto es, en la práctica, un proyecto de uso mixto extendido en horizontal: combina gastronomía, retail, aviación, tecnología y hospitalidad. Nuestro trabajo consiste en integrar todas estas capas para crear entornos eficientes, humanos y con identidad propia”, señala Matthew Johnson, Aviation Leader de Gensler.

Para Gensler, mejorar la experiencia del pasajero comienza por eliminar fricciones. No basta con una arquitectura espectacular si los recorridos son confusos, las filas interminables o los procesos poco claros. El diseño debe anticipar los puntos de dolor del viaje —desde la compra del boleto hasta la llegada al destino— y transformarlos en interacciones fluidas e intuitivas. Esto implica cuidar las vistas y los puntos de referencia, simplificar los pasos de check-in y seguridad, aprovechar tecnologías como la biometría para reducir tiempos y diseñar señalización que acompañe al usuario sin saturar el espacio.

El objetivo es claro: que cada persona sienta que el aeropuerto trabaja a su favor, ya viaje por negocios, en familia o por primera vez al país.

Aeropuertos más sostenibles y resilientes

La sostenibilidad es hoy un eje obligado del diseño aeroportuario. Proyectos recientes impulsados por Gensler integran soluciones de energía limpia, reducción de emisiones y eficiencia hídrica, además del uso estratégico de la luz natural. En la nueva Terminal 1 de JFK, por ejemplo, se incorporan alrededor de 13,000 paneles solares equivalentes a varios campos de fútbol y capaces de aportar entre 20% y 30% de la demanda energética del edificio, respaldados por sistemas de celdas de combustible que reducen la dependencia del diésel. El uso de cristales inteligentes y electrocrómicos permite controlar el deslumbramiento y la ganancia de calor, mejorando el confort térmico y disminuyendo la carga de los sistemas de climatización.

En México, esta visión se traduce en la oportunidad de que las inversiones ya anunciadas en infraestructura aeroportuaria integren criterios de eficiencia energética, resiliencia climática y bienestar, más allá de los metros cuadrados adicionales.

Retos de infraestructura y oportunidad de diseño en México

Los aeropuertos mexicanos comparten desafíos con muchas terminales en el mundo: renovar sin detener operaciones, gestionar una demanda eléctrica creciente y coordinar múltiples actores públicos y privados. En ciudades como Ciudad de México, Cancún o Guadalajara, las obras suelen realizarse en aeropuertos en pleno funcionamiento, lo que exige una planificación precisa para que las mejoras no comprometan la experiencia del usuario.

A ello se suma la necesidad de una planeación maestra clara a largo plazo. Mientras que en otros países es habitual trabajar con hojas de ruta a diez años, en México aún se están construyendo muchos de estos lineamientos. Iniciativas como los playbooks y guías de diseño desarrollados junto con Aeroméxico son un ejemplo de cómo establecer criterios consistentes para futuras intervenciones sin perder la autenticidad local.

Pequeñas grandes intervenciones: señalización, wayfinding y coherencia visual

No toda mejora requiere una gran obra estructural. Tal como señala el equipo global de Gensler, una de las formas más rápidas y costo-efectivas de elevar la experiencia en un aeropuerto es repensar la señalización y la auto guía (wayfinding). El caso reciente de LAX es ilustrativo: cada terminal tenía programas de señalética distintos, lo que hacía que los usuarios perdieran referencias visuales al pasar de un edificio a otro. Al unificar el lenguaje gráfico, los colores y los símbolos, el viaje se vuelve mucho más intuitivo, aun cuando la infraestructura física siga siendo la misma.

En el contexto mexicano, este tipo de intervenciones puede acompañar y potenciar las obras de modernización ya en marcha, logrando mejoras visibles para el usuario en plazos cortos y con inversiones moderadas. Es una forma de empezar a construir esa sensación de “resort de bienvenida y despedida” que invite a volver, incluso antes de completar transformaciones de mayor escala.

Diseñar para México implica mucho más que incorporar símbolos evidentes o referencias turísticas cliché. La experiencia de Gensler junto con Aeroméxico en la Terminal 2 del AICM ha puesto el foco en elementos como la accesibilidad universal, la calidez del ambiente y la claridad de los recorridos. El nuevo esquema de check-in integra mostradores completamente accesibles tanto para el agente como para el pasajero, mejoras acústicas, iluminación más amable, kioscos de autoservicio y señalización digital que reduce la ansiedad asociada al tiempo y a las filas.

“Diseñamos para todo tipo de usuarios: pasajeros frecuentes, familias, personas con movilidad reducida o visitantes que no hablan el idioma local. La clave está en combinar estándares internacionales de inclusión con una autenticidad que se sienta genuinamente mexicana”, explica Johnson.

La modernización aeroportuaria en México no es solo una cuestión de infraestructura o capacidad; es una apuesta estratégica por la competitividad del país, la calidad de vida de sus habitantes y la imagen que proyecta al mundo. Cada peso invertido en hacer más claros, eficientes y humanos estos espacios se traduce en confianza para el viajero, en mayor derrama turística y en una red de ciudades mejor conectadas.

Si entendemos al aeropuerto como la primera y última página del viaje a México, el diseño se convierte en una herramienta poderosa para contar esa historia con orgullo: una llegada que emociona, una despedida que deja ganas de volver y una experiencia intermedia que demuestra que la modernización puede ser, ante todo, profundamente humana.

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