Picotazo Político

  • Por Miguel Ángel López Farías

 

Clase Turista

En Chiapas se traen una grilla espantosa, como si fuera nueva, la histeria se apodera de los medios locales y algunos nacionales.

El senador Roberto Albores Gleason, hijo del ex gobernador del mismo nombre y apodado por el sub Marcos como "el croquetas" ha sido impuesto por Los Pinos como candidato del PRI-Verde a la silla que ocupara su padre.

¿Existe algo de extraño en esto? No recuerdo a algún gobernador chiapaneco que fuese ungido por la soberana voluntad del pueblo chiapaneco, si mi memoria no falla, prácticamente todos han sido colocados desde el centro, luego entonces ¿cuál es la rareza?

Muchos del Verde decidieron irse a tumbar con sus hamacas a otro lado, esperando que el berrinche les traiga algún premio de consuelo, ninguna rebelión dura mas que lo que dura una amenaza o un nuevo cargo.

¿Qué Morena puede ganar el estado de la mano de Rutilio Escandón? Claro que puede. ¿Qué la Trifecta del PRD, PAN y Movimiento Ciudadano pueden ganar la gubernatura?, claro que pueden, pero esto sólo sucedera si los chiapanecos en edad de votar deciden dejar ser clientes de los mismos y optan por otras opciones.

Pero, ello cambiará sus rutas, modificara el futuro, sólo si deciden darse cuenta que el potencial del estado no sólo reside en sus bellezas naturales y sus virtudes energéticas como el agua y los minerales escondidos sino en la fuerza y alegría de su gente.

Los chiapanecos son un pueblo realmente aguantador, noble, demasiado noble, por decirlo suave, que se acostumbró a esa especie de vasallaje impuesto por un puñado de familias, chiapanecos fluidos en talento y brillo, pero esclavizados a una especie de modorra ancestral que les ha impedido ser dueños de sus propios pasos.

¡De qué nos espantamos si a Chiapas se le ha tratado como el patio trasero de México? ¿Suena duro? perdóneme, pero lejos de arrancarnos los ropajes por lo que habrá de suceder con el cambio de gobernador deberíamos centrarnos en el nacimiento de un nuevo chiapaneco, uno mucho más consciente, arropado por las ideas de los debates bien fundados y por escándalos estacionales, como nunca, los chiapanecos pueden dejar de ser esa especie de pueblo rehén de sus miedos y comenzar a ser esa patria chica que inunde de grandeza y progreso al resto de México.

Sucede con muchas regiones en México, no sólo en Chiapas, sólo que Chiapas nos duele a algunos un poco más.

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