En riesgo, el Archivo General de la Nación si permanece en Lecumberri

  • Aboga su ex directora Patricia Galeana, porque se le ponga en una bóveda
  • Por Norma L. Vázquez Alanís/Tercera y última parte

 

Clase Turista

Los archivos son “huellas instructivas de la vida”, como decía el intelectual mexicano Jaime Torres Bodet, y si no se emprende activamente la tarea de conservarlos, incalculables fragmentos de la memoria de la humanidad corren el riesgo de perderse para siempre.
Y aunque el Consejo Internacional de Archivos, dependiente de la Unesco, determina las normas a que deben circunscribirse los repositorios documentales, los archivos en el mundo no han tenido el tratamiento que debieran, reconoció la doctora Patricia Galeana en la conferencia que dictó como parte de la celebración de cincuentenario del Centro de Estudios de Historia de México Carso (CEHM).
“En México, lamentablemente tenemos aprisionado el patrimonio documental de la nación en la antigua penitenciaría de Lecumberri, edificio (inaugurado en 1910) que el Consejo Internacional de Archivos indicó desde un principio que era inadecuado para guardar documentos tan valiosos de la historia del país”, agregó.
Las condiciones de ese edificio, que fue diseñado para ser una cárcel panóptica, no son las adecuadas, puesto que consta de 375 celdas donde es imposible que tengan ni la temperatura ni la humedad requeridas para conservar los documentos.
El resultado es que el 70 por ciento de los legajos que recabaron personajes como Salvador Azuela, Luis Cabrera y Antonio Díaz Soto y Gama sobre la Revolución Mexicana, están dañados y por lo tanto no se pueden digitalizar hasta que no se restauren, pero no hay recursos para su restauración… “es un círculo vicioso verdaderamente dramático”, comentó la historiadora.
Ahí, en el Archivo General de la Nación (AGN) -del cual fue directora Galeana- están cantidad de escritos que han sido declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco, y ese organismo mexicano encargado de resguardarlos, carece de fondos para su restauración y para completar la construcción del edificio anexo; “es una tragedia”, manifestó la especialista.
Sin embargo, la principal razón que ha impedido consolidar la construcción del anexo a Lecumberri, es que se encuentra en un terreno donde había agua, al grado que costó mucho trabajo hacer los cimientos para el inmueble, agregó.
El terreno es arcilloso por estar sobre lo que fue la cuenca de San Lázaro, además de que el canal del desagüe está a dos cuadras y en una ocasión que se desbordó, las aguas negras cubrieron la parte frontal de Lecumberri, que quedó manchada y desde entonces la gente comenzó a llamarle “palacio negro”, comentó también la doctora Galeana.
Y hasta la fecha no se ha podido resolver el problema, ya que las aguas negras estaban sin entubar hasta hace muy poco, de manera que no era el lugar idóneo para albergar un archivo nacional; además todo el dinero disponible, en lugar de emplearse para restaurar y digitalizar los documentos, se destina al sostenimiento del edificio, porque la cúpula que se le puso siempre se estaba cayendo como consecuencia de los diferentes acomodos que tiene el terreno.
Refirió la también catedrática de la UNAM, que cuando quitaron el torreón de vigilancia que estaba en el centro del inmueble, al arquitecto que hizo los arreglos no se le ocurrió nada mejor que ‘amarrar’ cada uno de los siete brazos a la cúpula que se colocó para techar el espacio abierto y, por lo tanto, cuando los brazos se estaban sumiendo, jalaban a la cúpula para todos lados y había el riesgo de que se desplomara todo.
Lo cierto -explicó la conferencista- es que ha costado literalmente un ojo de la cara arreglarlo, pues si bien finalmente se reestructuró, hay una empresa que nada más vive del cobro del ajuste de los pilotes de control hidráulico que se tiene que hacer cada mes para que no se caiga la cúpula.
La doctora Galeana recordó que en el momento en que asumió la dirección del AGN, primero que nada quiso hacerle una ampliación, pero los ingenieros le dijeron que de ninguna manera pues era improcedente seguir metiéndole dinero a un lugar que no convenía desde ningún punto de vista, porque también resulta que es una de las zonas más contaminadas de la ciudad de México.
“Uno de los expedientes del Banco del Avío del archivo de Lucas Alamán, se perdió porque no estaba en un folder desacidificado, se había guardado sin preservarse”, relató la especialista. Se dio la circunstancia de que una investigadora abrió ese folder y los documentos se hicieron polvo; se hizo un análisis y los expertos dictaminaron que en el lugar hay ácidos nítrico y sulfúrico, los cuales rompen la estructura del papel, que se hace polvo y ya no hay forma de recuperarlo, “es algo terrible”.
Durante su gestión al frente del AGN, explicó Galeana, había el proyecto de sacar de ahí todos los documentos, se tenía un terreno en el estado de Hidalgo, la hacienda de la Concepción, y el capital sería tripartita -de empresarios, del gobierno de la entidad y del gobierno federal-, se iban a construir bóvedas de seguridad para guardar los documentos, restaurarlos y digitalizarlos.
“Pero desagraciadamente -lamentó- “algunos de mis colegas se opusieron porque les iba a quedar muy lejos ir hasta Pachuca para consultarlos” y no hubo forma de convencerlos de que el futuro de los archivos es tenerlos en la red para no estar manipulándolos; de esta manera es posible consultarlos desde cualquier punto del planeta y se cumple con el objetivo primordial de preservarlos.
Citó como ejemplo a Bill Gates, quien compró toda la colección de las fotografías más importantes del siglo XX y las tiene congeladas en el fondo de una mina, pero están digitalizadas para cuando se quieran utilizar.
La historiadora puntualizó que se había elegido la hacienda de la Concepción luego de que se hizo un estudio técnico-científico para seleccionar un lugar con condiciones especiales para la preservación de fósiles, porque ese tipo de suelo ayuda: sólo encontraron dos zonas cercanas a la Ciudad de México con esas características: la de Pachuca, y otra en Querétaro.
Los expertos pretendían llevar los documentos del AGN a un sitio cercano a la capital del país, para la inversión fuera menor y el mantenimiento más barato, porque cada grado que hay que cambiar de temperatura o de humedad del medio ambiente, cuesta en dólares. Pero por lo visto ese proyecto ya no se va a materializar, porque ya están construyendo el anexo a Lecumberri –“espero que tengan dinero para concluirlo pronto”- y como ya le invirtieron mucho, no se va a querer llevar el archivo a otro lugar.
Por último, Galeana, quien también estuvo a cargo del archivo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, argumentó que lo mejor para el AGN sería construir un inmueble nuevo adecuado para guardar documentos; lo que se necesita es una bóveda de seguridad con la temperatura y la humedad requeridas, en la cual se preserven ya restaurados, curados porque obviamente se contaminan de hongos, y digitalizados.
La doctora Galeana publicó en 2001 un ensayo titulado ‘El patrimonio documental de México’, en el cual aborda de manera muy amplia el tema del Archivo General de la Nación y la importancia de preservar la memoria documental de México.
El texto se publicó en el volumen ‘Ensayos’ con el título ‘Derecho, cultura y patrimonio: problemas y propuestas jurídicos y administrativos’, editado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

Muralla China

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