La memoria histórica da identidad y conciencia a los pueblos: Patricia Galeana

  • La sociedad debe vigilar el patrimonio documental, no sólo monumentos y murales/Primera parte
  • Por Norma L. Vázquez Alanís

 

Clase Turista

“Todo documento es un soporte de información y nos permite reconstruir el pasado, trátese de una estela maya, el disco duro de una computadora, cualquier tipo de manuscritos o fotografías”, aseguró la doctora Patricia Galeana, directora general del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revoluciones de México (INEHRM).
Al participar en el ciclo de conferencias para celebrar el 50 aniversario de la creación del Centro de Estudios de Historia de México (CEHM), de la Fundación Carlos Slim, la investigadora destacó que la preocupación de los pueblos en las diferentes latitudes del planeta, de guardar sus documentos, está vinculada a la conciencia histórica que han tenido las más grandes culturas de la humanidad: Egipto, Grecia, Roma, etcétera.
Aunque su tema era ‘El Segundo Imperio en el CEHM’ -del que se informará en la segunda entrega-, Galeana hizo una breve recapitulación sobre la importancia de los archivos, ya que en ellos se guarda lo que podemos llamar “las escrituras de la historia”, y un pueblo que no tiene historia, es un pueblo sin memoria, no tiene identidad, por lo tanto, no puede tener la conciencia del momento que le ha tocado vivir. “En los archivos se guarda nuestra historia y cada documento es un soporte de información”, reiteró.
La catedrática indicó que independientemente de las variadas corrientes historiográficas que existen, los documentos siguen siendo las pruebas fehacientes de lo acontecido y esta información es indispensable para conservar la memoria histórica de la humanidad.
En este sentido, subrayó que el CEHM ha cumplido una función muy importante para el rescate de la historia documental de México, porque desafortunadamente los archivos en el mundo y en México no han tenido el tratamiento que debieran.
Dijo que pocos saben que, cuando Jaime Torres Bodet ocupó el cargo de secretario general de la Unesco (1948-1952), con gran conciencia histórica y una visión futurista creó el Consejo Internacional de Archivos, que sigue funcionando hasta la fecha y se encarga de difundir las normas internacionales que deben tenerse en todo repositorio documental a fin de que estas huellas del pasado del género humano no se pierdan.
Y durante su gestión como secretario de Educación Pública en México (1958-1964), Torres Bodet fundó la Escuela Nacional de Archivonomía y Biblioteconomía, en virtud de que consideraba que se estaría haciendo una verdadera revolución cultural cuando se preservaran los documentos y se pusieran al servicio de los investigadores. Lamentablemente la escuela no tuvo el apoyo que su fundador hubiera deseado.
A juicio de la maestra en Historia y doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, los documentos no tienen la misma atracción para la sociedad, que en cambio sí de organiza para defender murales y monumentos. Es triste que no haya la misma conciencia social para proteger el patrimonio documental y en el Archivo General de la Nación están cantidad de documentos que han sido declarados por la Unesco patrimonio de la humanidad, pero se están deteriorando porque no tienen las condiciones adecuadas de temperatura y humedad para su resguardo -cono se detallará en la tercera entrega-.
Y la situación en que se encuentran los archivos de los estados y municipios es muy deprimente, porque no hay personal capacitado; parece increíble pero los documentos que constituyen la historia están en manos de personal de intendencia que asciende en el escalafón, o de personas conflictivas a quienes se quiere castigar, es decir, en el lugar donde está toda nuestra memoria, solo hay personas no preparadas ni calificadas para su manejo.
Desafortunadamente el concepto de ‘archivo muerto’ ha sido nefasto, porque entonces se mandan esos documentos al peor de los lugares de los edificios, donde hay humedad, polvo y roedores. Esta situación ha dado como resultado que los jóvenes no quieren estudiar la carrera de Archivonomía -que se abrió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y tuvo que cerrarse porque no había alumnos ni maestros- porque les parece un escenario poco alentador tener que trabajar en un sótano entre telarañas y humedad, revisando y clasificando documentos polvosos. Todo esto ha puesto en peligro el patrimonio documental de México.
De ahí la importancia del CEHM, porque surge con la idea de recuperar archivos particulares que de otra suerte se habrían ido al extranjero, “y me consta esta situación con el archivo de Lucas Alamán -relató la doctora Galeana- porque yo dirigía el archivo de la Secretaría de Relaciones Exteriores y los apoderados de la familia Alamán acudieron para ver si la cancillería lo podía adquirir, y, como suele suceder, no hubo presupuesto. Afortunadamente lo compró el Centro de Estudios de Historia de México”.
En este sentido es encomiable la labor del CEHM, porque no han sido muchos los empresarios que tienen esa conciencia histórica de decidir que sus ganancias se inviertan en una labor patriótica como la adquisición de archivos históricos privados. El centro empezó su acervo con documentos de Luis Gutiérrez Cañedo y su biblioteca, y se ha seguido enriqueciendo con archivos y documentos de la mayor significación. (Continuará).

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