Navidad en el Museo – VI y último*

  • Saldo del robo: un muerto, un sentenciado y un final de película
  • Por José Antonio Aspiros Villagómez

(Con los mejores deseos para usted en estas fechas)

 

Clase Turista
Conforme pasaba el tiempo, las piezas robadas al Museo Nacional de Antropología (NMA) parecían quemarles las manos a los bandidos. Carlos Perches y Ramón Sardina estaban cada vez más inquietos. Carlos recibía constantes llamadas de José Serrano -ya preso, acusado de delitos contra la salud-, quien insistía en comprarle las joyas a cualquier precio.
Ramón decidió buscar a una amiga de nombre María Antonieta en su domicilio de la calle Margaritas, en Naucalpan, le encargó una caja de herramientas cerrada con candado en la que estaba el botín o parte de él, le dijo que tenía que salir de urgencia del país, y a partir de entonces se perdió su pista. Fue hasta el 25 de diciembre de 2010 cuando encontramos una nota en el diario Excélsior según la cual había muerto, pero sin mayores detalles.
Perches, en cambio, se sentía acorralado. Cuando en la noche del 9 al 10 de junio de 1989 fue detenido por agentes vestidos de negro, sin oponer resistencia pese a que estaba armado, seguramente su primera sensación fue de descanso. Terminaban para él, aunque mal, más de tres años de tensión y tal vez de arrepentimiento; una vida prematuramente malograda.
Desde unos 45 días atrás habían estado vigilados él y otra gente relacionada con estupefacientes, inclusive su hermano Luis, quien ya conocía el “secreto”. El nuevo presidente, Carlos Salinas, había pedido al procurador Enrique Álvarez del Castillo tenerle informado mes a mes de los resultados de la investigación, y éste a su vez dio órdenes al subprocurador de investigación y lucha contra el narcotráfico Javier Coello Trejo. El trabajo quedó finalmente en manos de quienes lo habían iniciado en 1985: el comandante Rubén Castillo Conde y el segundo comandante Alberto Sotelo Chávez.
Final medio feliz
En total fueron detenidas unas diez o doce personas. A siete se les dictó formal prisión y, de ellas, cuatro no alcanzaron libertad bajo fianza: Carlos y Luis Perches Treviño, la bailarina argentina Princesa Yamal (Isabel Camila Maceiro) y Gari Nathan Shaffer Clevengar. Estos dos últimos nada tuvieron que ver con el robo, pero sí eran cómplices de Carlos en cuanto a cometer delitos contra la salud.
Casi dos años después, el 18 de mayo de 1991, Carlos Perches Treviño fue sentenciado a 32 años de cárcel por el juez Luis Pérez de la Fuente, quien también dictó un castigo de ocho años y seis meses de prisión a la vedette por encubrimiento y por posesión de cocaína, y sentencias menores para los otros detenidos.
En algún momento de la investigación, el constructor del MNA, Pedro Ramírez Vázquez, había comentado que resultaba “lamentable y frustrante” que pudiera haber mexicanos involucrados, y pidió que no sólo fueran castigados, sino que se les retirara la nacionalidad.
En cuanto a las piezas recuperadas, la Procuraduría de la República las devolvió al MNA en presencia de Salinas, quien días antes había acudido a las instalaciones de la PGR para verlas y conocer los detalles del operativo. La ceremonia tuvo lugar el 14 de junio de 1989, fecha en que, en otro caso policiaco, rendía su declaración José Antonio Zorrilla, detenido la noche anterior por el asesinato del periodista Manuel Buendía un lustro atrás.
Durante la entrega del tesoro, el procurador expuso al nuevo director del INAH, Roberto García Moll, la necesidad de contar con catálogos e inventarios “precisos que nos permitan saber qué tenemos”. La PGR cuantificó lo recuperado por piezas y no por lotes y eso creó una confusión informativa pero, en resumen, después que un tío de María Antonieta devolvió la caja de herramientas de Sardina, parecía claro que solamente faltaban 25 objetos, todos ellos de Monte Albán, en su mayoría de oro.
Pero quién sabe. El 21 de diciembre de 2005 El Universal informó que en la ceremonia ante el presidente -el día 13, no el 14, según esta versión-, sólo se restableció al MNA una parte de lo robado, y lo demás, dos meses después. Y que según García Moll, la denuncia del robo fue por más de 140 piezas y todas habían sido recuperadas. El diario aseguró también que algunos objetos que formaban parte del botín, habrían sido localizados -cosa extraña- “hace un par de años (2003) en bodegas del museo”.
Como haya sido, al quedar aclarado el robo la versión de que los bienes arqueológicos iban a ser usados en ritos satánicos, se desvaneció. Y el hecho de que los ladrones fueran mexicanos y novatos, evitó que el botín hubiera salido de las fronteras nacionales. De haberse encontrado fuera de México por obra de ladrones expertos, miembros de mafias internacionales, de seguro hoy aún se estaría tramitando su devolución. De por sí, dentro y fuera del país muchos vivales habían asegurado que tenían pistas y reclamaron la recompensa de 50 millones de pesos que ofreció la Asociación de Amigos del Museo.
Y para que esta historia tuviera un final de película, el cineasta Alfonso Ruizpalacios fue contratado para dirigir en 2015 la cinta “Museo” con la historia del robo. La productora Balero Films obtuvo un apoyo por 10 millones de pesos del Fondo de inversión y estímulos al cine (Fidecine) del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), pero ese largometraje no figura, al menos con el título citado, en el libro-catálogo Producciones Cinema México 2013-2015 de este último organismo.
Con la película -ojalá que fidedigna- quedará un testimonio más de éste, que es uno de los muchos robos a museos que se cometen en México y el mundo. (Fin)
*La versión original de este texto fue publicada en la revista bimestral En Todamérica, en 1989. (El autor publicó en 1987 los libros El gran reportaje de los mayas (Editorial Posada, tres ediciones) y Los dioses secuestrados. Saqueo arqueológico en México (Sedena). Ambos, agotados.

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