Navidad en el Museo – V*

  • Entre los narcos había clientes para el tesoro arqueológico robado
    Por José Antonio Aspiros Villagómez


(Casi termina 2015. ¿Un año más, o un año menos?)

 

 

 

Clase Turista
México/Colaboración especial

Cuando los dos bandidos, Carlos Perches y Ramón Sardina -uno de 25 años y el otro de 26-, cobraron conciencia de lo que habían hecho con su robo al Museo Nacional de Antropología (MNA), comenzaron sus angustias. Al principio aprovecharon las ausencias de los padres de Carlos para sacar las joyas del closet, ponerlas sobre la cama y extasiarse contemplándolas.
Pero luego consideraron riesgoso ese escondite y compraron una caja fuerte para guardarlas en casa de Ramón, pero les resultó contraproducente. Los padres de éste querían saber sobre el contenido de tan ostensible artilugio, y los objetos robados regresaron al closet de Perches. Allí estuvieron un año, tiempo durante el cual fueron movilizadas las policías de México y de diversos países.
El gobierno mexicano invocó convenios binacionales para la devolución de obras de arte robadas, los trabajadores del MNA denunciaron diversas anomalías en el funcionamiento del recinto, el director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) derivó todo el asunto a las autoridades policiacas, la Asociación de Amigos del Museo -encabezada por Pedro Ramírez Vázquez- ofreció 50 millones de pesos como recompensa por una pista segura e imprimió carteles con imágenes de las piezas más valiosas, los curadores hablaron del “robo hormiga” constante en el más importante recinto museográfico del país.
El tema de la seguridad en los museos y zonas arqueológicas dio origen a un debate nacional a través de las páginas de los diarios. “Nuestra museografía se ha engolosinado con la estética en detrimento de la seguridad”, dijo el especialista Felipe Lacouture. Aún con los sistemas más sofisticados de seguridad, el problema fundamental es “la intervención cómplice de las personas”, aseguró el constructor del hermoso MNA, Ramírez Vázquez.
Mientras unos opinaban, otros actuaban. El 20 de febrero de 1986 -menos de dos meses después del robo- se publicó un acuerdo del entonces presidente Miguel de la Madrid para establecer normas mínimas de seguridad para la protección y resguardo del patrimonio cultural que albergan los museos. Por supuesto, también se dispuso de una considerable partida económica para afrontar los gastos inherentes a la adopción de esas medidas.
Los años siguientes
Cuando se cumplió el primer aniversario del robo, mientras que la Interpol tenía al vaso zoomorfo de Texcoco entre las 12 piezas de arte más buscadas en el planeta y el INAH publicaba un catálogo con los objetos hurtados -foto y descripción uno a uno-, Carlos Perches tomaba una decisión.
Al parecer, él y su cómplice habían estado asaltando residencias para hacerse de dinero. Carlos -cuando menos- se había vuelto drogadicto y, además, tenía decidido viajar a Acapulco. Lo hizo, pero se llevó consigo las piezas arqueológicas para buscarles cliente.
A Ramón Sardina le entregó siete de ellas también para ofrecerlas en venta. Es posible -después dijo que no lo recordaba- que le hubiera entregado 19 y no siete. Otras dos las canjeó por cocaína con el narco Salvador Gutiérrez ‘El Cabo’ cuando desde Acapulco se fue a Morelia junto con José Serrano Martínez, otro adicto y traficante del que se hizo amigo en el puerto guerrerense.
‘El Cabo’ ofreció un millón de dólares por el botín, pero no hubo trato. Este narco habría de ser capturado meses después en Reynosa, y denunció a José Serrano quien, a su vez, dio la pista a la policía acerca de dónde estaba el tesoro robado.
Perches, entre tanto, trabajó dos años como gerente de relaciones públicas en el hotel Marbella de Acapulco. En realidad, lo que hacía era vender droga a los turistas, tal vez buscando también alguno al cual ofrecerle el botín arqueológico. Finalmente, en abril de 1989, regresó a Ciudad Satélite, rentó la casa ubicada en Manuel Pastrana número 6, Circuito Diplomáticos, y allí ocultó todo. Pero habría un desenlace y hasta una película. (Concluirá).
*La versión original de este texto fue publicada en la revista bimestral En Todamérica, en 1989. (El autor publicó en 1987 los libros El gran reportaje de los mayas (Editorial Posada, tres ediciones) y Los dioses secuestrados. Saqueo arqueológico en México (Sedena). Ambos, agotados.

Rehilete

Video del día